En
ocasiones vemos algo lejano lo que ocurre en otros países. Nos pasó con
el conflicto Ucrania – Rusia. Quien iba a pensar que aquello tendría
una directa repercusión en nuestro mercados, llevando a que el precio de
productos como el aceite y sus derivados comenzarían a sufrir alzas,
provocando efectos directos en nuestros índices de inflación. También
nos pasó con la crisis asiática a finales de los ’90 que llevó a
importantes niveles de desempleo en nuestro país, aspecto que duró
varios años. Y así tenemos muchos otros ejemplos. Esto nos trae una
lección que debemos aprender, y dicha lección es que no podemos ser
indiferentes antes sucesos económicos y políticos que ocurren en otras
partes del mundo.
Uno
de estos sucesos está ocurriendo al otro lado de la cordillera con la
aparición de Javier Milei quién se ha posicionado como una potencial
carta a la presidencia de Argentina, cuyas elecciones son el próximo 22
de octubre.
Milei
se autodefine como libertario, donde los pilares se relacionan con la
libertad, el libre mercado y la propiedad privada. Sin embargo, el
término en cuestión es algo más amplio que sólo cuestiones económicas.
El
libertarismo es una corriente política que tiene sus orígenes en el
individualismo del siglo XVII. Es por esto, que las palabras del
candidato a la presidencia de la Argentina van más allá del mercado, ya
que el mismo define al liberalismo como el respeto irrestricto del
proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en
defensa del derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada.
Claramente,
se logra apreciar que el proyecto de Milei es amplio y va más allá de
la economía, incorporando fuertes aspectos normativos y filosóficos.
Ahora
bien, cuál es la razón que el título de esta columna se denomine el
“peligro de Milei”. La razón se centra en el poco pragmatismo político
que sus dichos encierran. Dicho de otra forma, muchas de sus propuestas
son impracticables en los bordes políticos que existen actualmente en
Argentina. Esto lo obliga -de llegar a ser presidente- a tener sólo dos
alternativas.
La
primera de ellas, es sentarse a conversar con los que él denomina la
“casta política”, y la segunda alternativa, es romper los bordes
políticos que existen en Argentina. Esto último es peligroso, y ya lo
vimos con Alberto Fujimori en Perú, o el mismo Chávez en Venezuela,
figuras que si bien comparten otras ideologías políticas, han debido
romper los bordes de la democracia para poder implantar sus ideas.
Milei,
es una más de tantas figuras de la historia que emergen por el
descontento social, por la incapacidad de colocarnos de acuerdo para
definir una propuesta de país que permita responder a las demandas que
surgen por parte de la ciudadanía. Milei tan sólo responde a este hecho,
y dice lo que la gente quiere escuchar, en especial, para una Argentina
desolada ante la corrupción, ante niveles de inflación tremendos, ante
un nivel de pobreza que crecen día a día. Aquí es donde surge el relato
de Milei y hace “eco” en la desesperanza de toda una población; una
población que puede encontrarse con el dicho: “El remedio puede ser peor
que la enfermedad”. Espero equivocarme… Pobre Argentina.