El rencor es un mal consejero

¿Qué
es el rencor? Es un sentimiento que porfía y porfía, de modo tenaz,
contrariando la buena voluntad, el buen deseo, el buen propósito, y así
se transforma en un resentimiento. Esta oposición, en ocasiones, se
instala, se posiciona y posesiona a algunos, de tal manera que su
desarraigo es tarea de largo tiempo y su eliminación es de no pocas
consejerías.

¿Cómo
nace el rencor, cómo se instala en las personas? No es simple el
proceso, creo. No todos comprendemos de una misma manera, todos lo
hacemos de modos diferentes, no porque intencionadamente lo provoquemos o
lo queramos.

¿Cómo
entonces? Lo que piense, lo que sienta, lo que aprecie es, ni más ni
menos, mi modo de clasificar, ver, categorizar el entorno, y proviene
desde mi propia comunidad de personas, mi familia, mis amistades, mi
ambiente humano. De ellos me nutro, con ellos alterno, entre ellos me
conduzco, por ellos activo y reactivo mis neuronas, con ellos aprendo.
El procesamiento de información de ese entorno no es solo conceptual,
también, y quizás más importante, es actitudinal, valórico, ético,
normativo, conductual.

Nuestra
conducta se establece con los otros, en medio de ellos, de ellos
aprendo, adopto, practico, ensayo, acciono y re-acciono, respondo. No
obstante, en el último tiempo, no todo es desde una comunidad real de
personas, o por causa de ellos.

El
incremento a la exposición de un mundo virtual de distintos procederes,
inimaginados, de culturas ni por asomo conocidas de modo directo, ha
hecho mella en la conducta de muchos, en especial de los jóvenes y de
los niños, que ya muy tempranamente han sido expuestos ni siquiera a
minutos sino a horas y horas de seguimiento de seudolíderes de
comunicación en las redes sociales.

Las
comunicaciones sociales también han incidido en el comportamiento de
las personas. La información no siempre es benéfica, en especial si es
portadora de comportamientos no ejemplares y por efecto de la
instantaneidad, de la globalización, esa “ejemplaridad” importada es
replicada, primero, a escala individual y, luego, a mayor nivel.

Las
malas prácticas, aquellas importadas o virtuales, se imitan. Incluso se
generan en los trasnoches, por personas que se han alejado de la
educación formal, y qué decir de la educación familiar, comunitaria. Y
esa “escuela” ha generado procedimientos, respuestas, acciones o
reacciones nada modélicos.

¿Cómo
reconducir este comportamiento equivocado, torcido, retorcido, en el
que se ha pasado de una respuesta acorde, como debiera ser, a una
reacción verbal, primero, y, luego, a un actuar en que priman los malos
sentimientos? Sean rencor, antipatía, resentimiento, animosidad,
hostilidad o saña, entre algunas de sus versiones.

¿Cómo
superar este trance? Dando mayores y mejores oportunidades a instancias
formativas e integrales a las personas. Recuperar a los niños, a los
jóvenes que se han alejado de la educación institucionalizada y procurar
darles más educación, mejor educación. Llevar la educación a donde sea
necesaria.

La
clave es más humanidad, mayor atención a la persona, más afecto, mayor
consideración, más amor, atender más al desarrollo humano y menos al
mentado desarrollo económico, o que este se focalice en las personas.

En suma, ¡amen!

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS