El rol de TVN

El
15 de mayo del presente año, el Senado levantó sesión especial con el
directorio de Televisión Nacional (TVN) para escuchar la cuenta pública
de sus estados financieros y la gestión del canal. En el transcurso de
la cuenta nos enteramos que la señal nacional tiene una deuda acumulada
de 50 mil millones de pesos, arrastrada desde el gobierno pasado, y sin
quedarse atrás los nueve centros regionales a lo largo del país
presentan una pérdida de dos mil millones.

Sin
embargo, aún falta tener más información sobre los movimientos
financieros que den cuenta a donde se destinan los recursos, los
ingresos, los egresos, los logros, los avances. Además, queda claro que
no existe transparencia en el conocimiento de los altos sueldos que
ganan los rostros anclas del canal, que por los dichos del presidente
del directorio, Francisco Vidal, el secreto estaría amparado en el
Código del Trabajo.

Para
nadie es desconocido el hecho que se requiere un medio de comunicación
pública, multiplataforma, que entregue contenidos para promover y
difundir los valores democráticos, la educación, la cultura, la
participación ciudadana, la identidad nacional, las identidades
regionales, locales, la multiculturalidad, el respeto, el cuidado del
medio ambiente, entre otros. Por supuesto, que eduque, informe y compita
con los canales privados con un contenido público. Algo muy similar a
una BBC en Inglaterra.

Por
consiguiente, cómo es posible que siendo un canal con tal rol tenga que
autofinanciarse. Por el momento posee una gran deuda económica y aún
así les alcanza para pagar los sueldos de mercado a sus rostros anclas,
al igual que Megavisión, Canal 13, CHV y otros, porque la función de
ellos es representativa y puede que con su ausencia la sintonía se
escape.

El
tema principal es la mala gestión realizada en todo este lapso, en
donde se ha gastado sin control y las pérdidas siguen aumentando sin que
nadie le coloque el cascabel al gato. Hasta el momento, la crisis se
enfoca en que no les alcanza para autofinanciarse, resultando que
disminuya su competencia como televisora a nivel nacional e
internacional, con respecto a los canales locales.

Dicho
de otra manera, no sería más fácil privatizarla. Así se daría punto
final a la discusión y el Estado dejaría de incurrir regularmente a
exigir sesiones de cuentas financieras donde alarmarse del mal uso de
fondos públicos.

Abiertamente
otra crítica al canal es que la cadena es imperiosa, centralista, con
programación poco atractiva, insustancial y hasta burda. Una señal que
no cumple con las tareas propias de una TV pública, aquel rol natural
que carecen los canales privados y que de alguna manera, deben ser
propios del rol público.

Entonces,
se debe buscar la estrategia para generar más programación propia que
cubra esos objetivos, superando los problemas de autofinanciamiento que
determinan una programación envasada, menos costosa, restando a la
producción de proyectos ambiciosos como en los que destacaba hace años
el área deportiva, transmitiendo mundiales de fútbol íntegros.

Lo
que se necesita es que TVN no sólo defienda a sus rostros y sus
sueldos, sino recuperar las audiencias con una programación de calidad,
que sea más diversa, más plural, más científica, más educacional y
cultural. Por otro lado, debe abrirse a más contenidos y el cuidado de
los mismos, promocionar la identidad regional en donde no llega la señal
en las zonas extremas del país, buscar una fórmula de financiamiento de
carácter permanente que la saque del régimen del terror que debe tener
siempre números positivos. O es una señal pública o privada, pero no
puede ser los dos.

En
pocas palabras, el nombramiento de Francisco Vidal como presidente de
TVN en diciembre 2023 fue para enfrentar esta adversidad y hacer los
cambios necesarios para resolver el problema que los tiene contra las
cuerdas, con nuevas visiones, estrategias de mercado, siendo más
creativo y mejorar sus falencias.

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