Adquirir una vivienda en Chile es severamente no alcanzable, estableció un estudio por la Cámara Chilena de la Construcción. El estudio, el cual utilizó datos de la Casen y Banco Central, determinó el índice de acceso a la vivienda (PIR: Price-Income Ratio) que mide la capacidad para comprar, una familia de ingreso medio, la primera vivienda. Siendo el ingreso promedio para los hogares de 33.8 UF mensuales y el precio promedio de las viviendas en el mercado privado de 3.089 UF, el indicador resultante fue 7.8, lo que no es positivo porque denota la dificultad de la clase media para lograr el sueño de la casa propia. De hecho, es sintomático la mayor cantidad de personas que buscan arriendo de un inmueble, como también las allegadas o que viven en campamentos. En el caso de acceder a un crédito hipotecario, una familia promedio demorará décadas pagando los dividendos como para obtener la añorada propiedad. Dejaremos, esta vez, fuera del análisis, el pago de contribuciones que agrava la situación. Las razones de esta situación no es única y entre ellas podemos mencionar la excesiva normativa de contención urbana, que presiona a un aumento del valor de los terrenos de la periferia, lo que se traspasa al área urbana, restándole competencia al mercado del suelo, y por ende, impulsan el alza de las viviendas. Adicionalmente, existen sobre 100 normas que regulan cómo y con qué materiales de se puede construir, normas medio ambientales y un largo etcétera. Como si esto fuera poco, la ex Nueva Mayoría decidió encarecer el valor de las viviendas, al grabarlas con el llamado “IVA a la construcción”, que termina siendo traspasado al consumidor final. Ni hablar de iniciativas particulares para construir viviendas, pues la ex NM la tildó de “lucrativa” y por ende, sujeta a impuesto, la construcción o compra de viviendas de los padres para sus hijos, poniendo un tope para este “negocio familiar”. Asimismo, quienes desarrollan proyectos inmobiliarios sufren la creciente e ineficiente burocracia, principalmente del sector público, lo cual demora la ejecución de los proyectos presionando al mayor costo, que termina siendo traspasado al comprador final, para cumplir con la rentabilidad social o privada estipulada en estos proyectos. La Región de Magallanes presenta un déficit habitacional cercano a las 3500 viviendas. Entonces, ¿Qué hacer para que las familias magallánicas puedan conseguir el sueño de la casa propia? Algunas ideas… Luchar para que todo Magallanes quede libre de IVA y con ello baje el valor de los materiales de construcción y desaparezca el IVA a la venta de viviendas. Incentivar con un crédito tributario a las empresas constructoras que traspasen viviendas a sus trabajadores, reconociendo dicha inversión como gasto, y/o en parte, favorecer un crédito para rebajar el impuesto a las utilidades. No imponer tope a la compra de viviendas por parte de los padres para sus hijos. Que el Gobierno Regional pueda licitar o permutar terrenos para construcción de viviendas en Magallanes, contra un porcentaje de rebaja al impuesto a la renta. Que las viviendas para personas vulnerables sean traspasadas sólo en comodato, hasta que mejoren su situación o fallezcan. Que las Leyes de Exención permitan acceder a bonificaciones a la venta, por la construcción de viviendas de calidad y accesibles para el promedio de los magallánicos, incentivando la construcción de viviendas de ahorro energéticas, entre otras. Si no fuera por las excesivas regulaciones, deficientes planos reguladores, burocracia, IVA y otros impuestos nacidos de la supina idiotez que deterioran la competitividad del mercado inmobiliario, muchas más familias estarían disfrutando de su vivienda. ¡Ayúdeme usted compadre Estado a gritar un Viva Chile!, y deje que todos podamos alcanzar el sueño de la casa propia.