Estuvimos
más de dos años con la obligatoriedad del uso de mascarillas y es muy
probable que sigamos usándola por quizás cuánto tiempo más. Pese a las
vacunas y que se quitó en octubre del año pasado la obligatoriedad, hay
que tener muchas consideraciones. Por ejemplo, a los niños hay que
insistirles en la necesidad de utilizarlas cuando se sientan enfermos o
cuando crean que se pueden ver expuestos a agentes contaminantes. Cuando
su uso se convirtió en una medida obligatoria en espacios públicos para
combatir la propagación del Coronavirus, a muchos nos cambió hasta la
manera de expresarnos. Uno de los dilemas que entró en discusión fue el
peligro de sofocación en menores, ya que por la conformación de su
estructura facial y la posición en la que se encuentren, podrían
ahogarse o reinhalar aire poco oxigenado. Para evitar su contagio –o que
ellos mismos propaguen el virus– su recomendación fue obligatoria, pero
se tomaron las medidas considerando siempre la ventilación. Para
aquellos papás que van a tener que enseñarle a los más chicos que no la
utilizaron hace unos años, se recomienda, antes que todo, que los
adultos partan con el ejemplo. Los sicólogos infantiles recomiendan que
es importante que nos vean usándola en ciertas condiciones en que nos
veamos expuestos y que les demos una impresión positiva de esto. Hay que
evitar alegar al frente de ellos sobre su incomodidad, olor y cualquier
comentario que sea despectivo. Los infectólogos recomiendan que se debe
seguir utilizando la mascarilla y en eso pese a que se levantó su
obligatoriedad creemos que no hay segundas lecturas. La duda siempre
quedará. Para muchos la mascarilla ya se convirtió en parte de nuestras
prendas de vestir.