Mañana
se acaba la propaganda electoral y el domingo 7 de mayo se realizarán
las elecciones del Consejo Constitucional. Cada una de las y los
electores deberá concurrir a votar en forma obligatoria y elegir una
candidatura que los represente en el proceso de redacción de la nueva
Constitución. Las personas electas tendrán la tarea de discutir y
presentar indicaciones al borrador constitucional redactado por la
Comisión de Expertos, para finalmente aprobar una propuesta de texto de
nueva Constitución que será sometida a plebiscito en diciembre.
Hoy
por hoy un universo de la ciudadanía, entre los que me cuento, no se
siente cómoda con un proceso constitucional que disfraza una propuesta
como nueva Constitución, pero que en la práctica es titereteada,
controlada y tutelada por los mismos poderes fácticos, la misma élite
política y económica de siempre, para que ninguno de los vicios
democráticos de la actual constitución cambie. Por eso la elección del
fin de semana no despierta el interés del electorado, ya que existe el
convencimiento que ninguno de los y las candidatas electas podrá
concretar algo distinto al anteproyecto escrito por la Comisión de
Expertos. Es decir, lo acordado por los partidos políticos, llamados
Bordes, y base de la propuesta que evacuará el Comité de Expertos
(designados por los mismos partidos políticos representados en el
Parlamento), prácticamente tiene pocas posibilidades de ser modificado
por el Consejo Constitucional.
Diversos
actores políticos, tanto de izquierda como derecha (y uno que otro
oportunista), han hecho un llamado a no validar el proceso
constitucional a través de la anulación del voto. Los motivos son varios
y seguramente puedo compartir muchos de ellos, especialmente el
referido a la soberanía popular. Hoy muchos de nosotros tenemos pocas o
escasas expectativas de lo que será el contenido del texto
constitucional y una vez conocida la propuesta veremos lo que a priori
nos inclina a rechazar. Sin embargo, creo que confunden el momento.
Llamar a anular hoy significa dejar a merced de la derecha la discusión
de la nueva Constitución. Cabe recordar que cualquier fuerza que alcance
los tres quintos de los votos de los consejeros podrá hacerle
modificaciones al anteproyecto elaborado por la Comisión Experta. Por
tanto, es indispensable que las fuerzas de derecha no alcancen el 60%
que les pudiera dar la opción de hacer aún más conservadora la futura
constitución.
Por
lo anterior, no es contradictorio llamar a votar y elegir algunos de la
(o) s candidata (o) s que integran los pactos Unidad para Chile (RD,
PC, CS, AH, FRV, PS y PL) o Todo por Chile (PPD, PDC y PR) que
representan la centro izquierda chilena y las propuestas de una sociedad
más justa, democrática y participativa para una nueva constitución.
Recordemos que redactar una nueva Constitución fue planteada como una
forma de dar respuesta a las demandas del Estallido Social, que marchó
por un país más digno, una nueva Constitución que fue pensada para
construir una nueva sociedad, con nuevas condiciones, que permitan el
desarrollo de todas y todos sin marginación.
Si
las fuerzas de centro de izquierda no logran al menos los 2/5 se corre
el riesgo de pasar a ser sólo observadores de un proceso que podría
redactar la Constitución más conservadora y regresiva escrita en
democracia, y la idea de una sociedad más justa y digna a la que aspiran
la mayoría de los chilenos y chilenas quedará en el olvido. Anular no
es alternativa, anular sólo favorece a las fuerzas de derecha que
quieren sólo maquillar la constitución del 80. Votar ahora no es hacerse
cómplices de un proceso, votar es sólo poner en equilibrio las fuerzas
del Consejo Constituyente con la ilusión de no ser doblegados y que no
todo está perdido.