El
fin de semana recién pasado se celebraron en Europa elecciones para
elegir a los representantes del Parlamento Europeo. La noticia fue el
avance de partidos y grupos de derecha y el retroceso de la izquierda.
De hecho, la derecha tendrá mayoría para elegir a la persona que
encabece dicho Parlamento. Muchos análisis apuntan al tema migratorio
como una de las principales causas del avance de la derecha. Europa los
últimos años ha tenido una política laxa en materia migratoria, lo que
ha provocado protestas en diversos países del viejo continente. Un
continente otrora amigable y llano a recibir inmigrantes, hoy la
tolerancia a dicho fenómeno es cada vez menor. Los gobiernos de
izquierda han sido pródigos en políticas de fronteras abiertas, lo que
ha repercutido en la vida de muchos europeos. Cuestiones como el
trabajo, la seguridad, las costumbres han ido desacomodando la vida
cotidiana y se está configurando una nueva Europa. Este fenómeno no es
aceptado por quienes han visto en peligro sus fuentes laborales y la
seguridad en las calles. Como resultado, muchos jóvenes han visto en
políticos de derecha personas que se avienen más con sus aspiraciones y
ha sido este grupo el que se ha inclinado más por las derechas europeas.
Se ha ido revirtiendo las simpatías de los jóvenes por la izquierda,
pues se han dado cuenta que no tienen mucho que ofrecerles.
De
alguna manera y más temprano que tarde, ese fenómeno llegará a nuestro
país. Ya el centro izquierda ha caído fuertemente y no tiene el voto
juvenil. Ha sido reemplazada por la izquierda radical, los ultristas,
quienes hoy nos gobiernan. Sin embargo, la delincuencia que golpea con
fuerza al país, que tiene crueles métodos (secuestros, ejecuciones,
desapariciones, extorsiones, etc.), inéditos en Chile y que está siendo
liderada por bandas de extranjeros en su mayoría, está pasando factura a
las autoridades. Quienes fueron los principales promotores de la
inmigración a todo evento, hoy gobiernan.
Desde
el punto de vista económico, muchos jóvenes ven con desazón el futuro
del país y piensan en emigrar. No confían en su clase dirigente,
envuelta en reyertas que sólo a ellos les interesa, sin mirar más allá
de sus propios ombligos. De este fenómeno es parte esencial los jóvenes
encumbrados en el gobierno. De ser la esperanza de cambio generacional y
que por lo mismo, daría garantías para los jóvenes, se han comportado
como unos miembros más de esa clase o casta política. Nada distinto a lo
que siempre ha habido. La promesa de cambio se esfumó y con ello, ha
ido quedando a la vista la escasa efectividad de la izquierda al momento
de gobernar a un país.
Por
eso lo ocurrido en el viejo continente es algo que debe mirarse con
atención. En Latinoamérica los gobiernos de izquierda han ido quedando
atrás. Argentina, después de décadas de ser administrada por el
peronismo en sus diversas vertientes, todas ellas de izquierda, se volcó
hacia un gobierno libertario. Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay tienen
gobiernos de derecha, pero hasta hace poco, la izquierda gobernaba ahí.
Sin embargo, la demanda de más seguridad en las calles presiona a dichos
gobiernos, teniendo como referencia a Bukele de El Salvador. Luego, si
tales gobiernos de derecha no satisfacen las necesidades de sus pueblos,
la gente quizás ponga su mirada en uno de los pocos grupos políticos
que no han gobernado aún: la derecha que está más a la derecha. Tal como
está ocurriendo en Europa.