Tras la muerte de Henry Kissinger, el embajador de Chile en los Estados Unidos, Juan Gabriel Valdés, declaró en su cuenta de X: “ha muerto un hombre cuyo brillo histórico no consiguió jamás esconder su profunda miseria moral”.
Lo que para muchos parecía inicialmente una noticia “fake”, se transformó luego en verdadera. El Presidente Boric, retransmitió el mensaje, dándole implícitamente su respaldo.
En declaración posterior, el actual embajador ratificó y profundizó sus dichos en la radio. No entraré en una discusión ideológica o política, respecto de la opinión que cada uno pueda legítimamente tener respecto de la figura de Henry Kissinger y de los efectos que tuvieron sus actuaciones como secretario de Estado, de la todavía primera potencia mundial.
Todo indica que el embajador Valdés ha cometido un grave error. Como lo ha repetido hasta la saciedad el Presidente Boric, las relaciones internacionales constituyen una política de Estado. Le guste o no le guste a Boric y a Valdés, ellos no están en sus cargos para darse gustitos personales. Por el contrario, ellos están para representar al pueblo de Chile con prudencia.
Cuando el gobierno decidió cambiar de Canciller, tras una seguidilla de errores de la canciller anterior, la mayoría pensó -me incluyo- que se produciría un cambio real en la forma de hacer diplomacia. No obstante, percibimos que no hay cambios y que la cancillería ratifica su carácter de “feminista”, de sumisión con Argentina a sus reclamaciones, de neutralidad con Cuba, sus errores manifiestos en la relación con el Reino Unido y su apoyo a una infinidad de actividades en las embajadas alabando la gestión del marxista Salvador Allende.
El embajador Valdés, hijo de un gran chileno, ha mostrado la hilacha. Le quiero decir al embajador Valdés, que yo estudié mi postgrado en relaciones internacionales en la “Fletcher School of Law and Diplomacy” -la más antigua facultad de su tipo de los Estados Unidos- y mantengo contacto permanente con embajadores activos y retirados de distintos países del mundo y ellos están sorprendidos de que una persona con sus pergaminos, haya caído en una falta de profesionalismo tan evidente. Algo parecido cuando falleció Fidel Castro, en que la entonces secretaria ejecutiva de la CEPAL la marxista Alicia Bárcena, alabó frenéticamente al dictador caribeño.
Tras los dichos de Valdés, las reacciones en nuestro país fueron inmediatas, empezando por la suiza-chilena hoy diputada marxista Lorena Fries, que se cuadró con Valdés. Cuando el gobierno se mueve en torno al 30% de apoyo, no parece prudente que un embajador, se transforme en juez superior de los actos de una persona recién fallecida, que entre otras cosas recibió el premio Nobel de la Paz.
El embajador en los Estados Unidos, no es precisamente humilde, y su mensaje ha dejado una impresión de alguien cuyo profesionalismo fue superado por su ideología.
También le cuento al embajador, que tengo decenas de amigos que han formado parte del servicio exterior chileno y otros hoy activos y la opinión es unánime: el embajador Valdés se desubicó. La política es cambiante y así como en Argentina, Milei arrasó, en los Estados Unidos podría ganar la oposición, por lo que el mejor consejo que se le podría dar al embajador Valdés, es qué hay veces que el cargo que uno desempeña obliga a callar. Por la boca muere el pez, dice el refrán. Ya antes todos hemos sufrido los efectos de los “papelones” del embajador en España, de la embajadora en UK -ahora demandante al Estado de Chile-, de los problemas en las embajadas en Francia, en Canadá, en Brasil y un largo etcétera.
Este gobierno gastó y sigue gastando millones en utilizar las embajadas como vehículo de propaganda y no como lugares en donde se promueva la unidad de Chile, el comercio y las inversiones. El embajador Valdés podrá, como de seguro lo hará, seguir justificando sus dichos, pero objetivamente él se equivocó. Aquí lo que corresponde es que el embajador reconozca que se equivocó y que así como el Presidente Boric ha reconocido 7 veces que se ha equivocado en varias cosas, Valdés proceda disculpándose. Chile ya no resiste más errores no forzados.