Emoción y aprendizaje

Como se señaló en el comentario anterior, en
la base de todo proceso de aprendizaje están las emociones. Además, se
sabe que hay emociones que facilitan el proceso de aprendizaje y otras
lo inhiben. Por este motivo es muy importante saber reconocer las
emociones que se tienen
y
manejarlas. Muchas veces la reacción ante una emoción determinada es
irreflexiva. Y la respuesta que se da cuando se reacciona
automáticamente no siempre es la más adecuada. La inteligencia emocional
nos enseña a responder en lugar de reaccionar.

Para lograr lo recién enunciado hay que tener presente lo siguiente:

1. Aceptar lo que está ocurriendo: si una persona se empeña en manifestar “no me pasa nada”. O bien en culpar a los otros de aquello
que ocurre, no ayuda a salir de dicha emoción. A veces el problema
surge porque no se sabe reconocer o identificar una emoción. Se puede
tener miedo, tristeza o rabia y no saber qué palabras ponerles. Para
ello es útil hablarlo o escribirlo. Igualmente ayuda experimentarlo
físicamente a través de preguntas como: ¿Qué sensación me genera esto?
Hay que tener presente que siempre
las emociones negativas producen sensaciones de desagrado.

2. Un
aspecto clave para responder en vez de reaccionar frente a las
emociones es lo siguiente: lo que nos despierta una emoción no siempre
es el hecho en sí, sino la interpretación que se hace del mismo. Eso
explica por qué dos personas reaccionan de manera muy distinta
ante un mismo acontecimiento como,
por ejemplo: la obtención de una mala nota. Uno puede estar
reprochándose durante mucho tiempo por ello, mientras que otro lo
considera como una oportunidad de aprendizaje.

3. Si
se necesita conversar sobre algún problema hay que enfocarlo desde las
acciones que se emprenderán para resolverlo. O desde el aprendizaje que
se obtendrá. Es distinto decir “no me gusta mi trabajo” a plantear “voy
a buscar qu
é hacer en mi trabajo, para que me resulte agradable”.

4. Las emociones positivas son aquellas que proporcionan bienestar como, por ejemplo: la alegría. Hay que tener presente que este tipo de emociones ayudan a aumentar la atención, la
retención de información y permiten asimilar conceptos. Por lo tanto,
hay que aumentarlas. Una forma es pensando en diferentes
circunstancias o actividades que han generado esa emoción. Una vez que
sabes qué provocó la emoción que se quiere aumentar, se decide de qué
manera va a incluir estas actividades en su vida diaria. Por ejemplo
, si una determinada película te proporciono alegría hay que volver a verla.

5. Por último, los expertos recomiendan alejarse de las personas que se quejan frecuentemente, porque pueden contagiar su forma negativa de ver y de vivir la vida. Se sabe que las personas que se tienen cerca influirán en las acciones, emociones y pensamientos de uno mismo. Como consecuencia de esto, incluso la salud mental también se podría ver muy afectada.

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