En política nadie es dueño de la verdad

Cuesta
enormemente reconocer que nuestras opiniones van variando dependiendo
del contexto, lugar y fecha en la que nos encontramos y los caminos
políticos que se cruzan. Lo grafico con fácil ejemplo: la actual
discusión del 10%, en donde los que estaban a favor hoy están en contra,
y viceversa.

Todos
creemos tener la razón y el contrario es satanás si no se acomoda a mis
intereses o mirada de la circunstancia. Pues bien, esto nos debe hacer
irremediablemente reflexionar y darnos cuenta de que no todo es blanco o
negro. Poner siempre por delante lo que será mejor para el futuro y no
la popularidad person
al o el aplauso fácil. Es lo difícil de gobernar.

Nadie
está sobre el mal y el bien. En Chile tenemos un déficit de educación
cívica brutal, eso es culpa de todos los que han tenido poder e
influencia en los diversos gobiernos y les acomoda la desinformación o
ignorancia de todo un pueblo.

Personajes
como Pamela Jiles o Johannes Kaiser le hacen un tremendo daño a la
convivencia y discusión política. No podemos entender como enemigo a
quien piense o actúe distinto. La violencia con la que se está
ejerciendo la política es peligrosa o grave (lo invito a revisar el
tuiter de alguno de nuestros parlamentarios regionales y se
sorprenderá).

El
atomizar las posturas políticas, intentando separar a unos y otros, no
es nada nuevo. Es más, hoy tenemos fieles representantes en nuestra
América de cóm
o funcionar. No olvidar los años de Donald Trump en Estados Unidos o Maduro en la actualidad en Venezuela.

Palabras
rimbombantes, que desafían lo establecido, que se levantan como dioses
del olimpo y que serán ellos los nuevos salvadores de la humanidad es
recurrente. Los polos radicalizados, tanto de la izquierda como de
derecha, producen un tremendo daño.

Yo
soy un convencido de que las redes sociales son una gran herramienta y
camino de la comunicación, pero también se han transformado en un arma
de violencia utilizada con el simple clic de un computador o celular.

La política actual requiere de tranquilidad, de personas
ponderadas que dejen el fanatismo de lado y se pongan realmente a
pensar en los problemas reales de las personas que viven y habitan en
nuestro territorio. No siempre lo más rápido y cómodo es lo mejor para
el futuro. Es ahí donde se ven los grandes políticos, los que son
capaces de vaciarse de sus egos y asumir los costos. Un ejemplo del
siglo XX es el presidente Salvador Allende.

Por
el bien de todos, debemos dejar el mesianismo, no avasallar al que está
al frente y escucharnos más. Quizás mi gran crítica a la Convención
Constitucional, que es donde nos jugamos el futuro de Chile, ha sido
eso; el imponer mediante la manipulación emocional y la coacción no
física las divergentes posturas.

Aun así, creo en Chile y su destino.

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