Encuentro empresarial

Tiene lugar en estos días un encuentro empresarial que reúne en Punta Arenas a decenas de empresarios de todo el país para promover inversiones en nuestra región de Magallanes.  

No obstante, algunas personas presentan una hostilidad encubierta, cuando no abierta y declarada en contra de las inversiones que generan desarrollo. Son los que lograron el cierre de la minería de carbón en nuestra región, los que combaten la industria del salmón y los que amenazan con hacerle la vida imposible al Hidrógeno Verde. Añoran el regreso a un mundo primitivo, sin comprender que el nivel de vida y hasta su propia vida depende de las empresas y sus inversiones. 

Están también los que reconocen los efectos positivos de los nuevos proyectos, limitándolos a la generación de más puestos de trabajo para la gente.  Pero no solo se abren nuevos puestos de trabajo, sino que además aumentan los salarios.

Las nuevas empresas tendrán que ofrecer mayores sueldos para poder captar a los trabajadores que necesitan. Es la inversión y no los sindicatos o el gobierno, lo fundamental para elevar el nivel de salarios. Eso explica porque un campesino africano dotado de una mula con arado gana tan poco frente a un campesino norteamericano que dispone de un tractor.

Otra fuente de beneficios es la oportunidad para las empresas actualmente establecidas de integrarse a los nuevos proyectos. Por muy intensivo en capital que sea el proyecto, para ser eficientes deben concentrarse en sus funciones principales y para ello no pueden prescindir de las empresas locales que aportan los insumos y servicios de apoyo. La actividad de los contratistas demandará mas trabajo y será otra fuente de presión para el alza de salarios.

También algunas personas se muestran desinteresadas por una mayor inversión y más empresas, ya que atribuyen los beneficios solo a los empresarios que materializan los proyectos para aumentar su propia riqueza. 

Es verdad que los empresarios persiguen obtener utilidades, las cuales quedan claramente registradas en sus balances. Cuando tienen éxito, son obligados a pagar impuestos. Si pierden plata, disminuye su patrimonio. El empresario puede ganar o perder con la apertura de un nuevo proyecto.  En cambio, los compradores de los nuevos productos o servicios hacen una ganancia garantizada.

Cuando alguien compra algo, es porque el precio que está pagando lo considera menor al valor que él le da al producto. Cada uno valora subjetivamente las cosas y compra con su presupuesto aquellos bienes o servicios que le aportan un mayor beneficio, es decir, maximiza su utilidad subjetiva. Y si no hace una utilidad subjetiva, simplemente no compra.

Si bien la utilidad de los compradores no se puede registrar, podemos adivinar que es muy superior a la que generan los empresarios. Toda la fortuna de Bill Gates, por ejemplo, no se compara con los beneficios que permite su sistema operativo para el funcionamiento de aproximadamente 1.500 millones de computadores personales en todo el mundo.

Y cuando el comprador es extranjero, como es el caso para nuestras principales actividades regionales, como el Metanol, el hidrógeno verde, los salmones o el turismo, la utilidad para el consumidor nacional es indirecta, pero muy real. La disponibilidad de esos dólares que genera la exportación presiona a la baja el tipo de cambio y abarata todos los productos importados, haciendo a los chilenos mas ricos ante el mundo.

Las bondades del capitalismo son empíricamente comprobables, pero como no hay mundo perfecto, las carencias nunca podrán ser eliminadas por completo. La sociedad abierta que permite la civilización capitalista, con su crítica constante de todas las cosas, propicia, estimula y hasta premia el asalto ideológico contra sus fundamentos. El ataque ha sido tan persistente que incluso muchos empresarios han dejado de creer en la economía de mercado, aceptando mansamente el creciente entramado regulatorio que va necrosando el tejido social que forma el orden espontaneo, tornándolo cada vez más rígido. 

Sería importante que este encuentro empresarial en nuestra ciudad no solo sirva para descubrir nuevas oportunidades de inversión, sino que además invite a la reflexión para reconocer que todos los objetos que nos rodean que hacen posible la vida tal como la conocemos, han sido creación de empresarios. 

Es difícil poder exagerar el aporte de estas personas, que en realidad son las que sostienen la civilización, como conductores de un proceso social evolutivo de permanente adaptación de los recursos escasos, para satisfacer los gustos y necesidades de la gente que son siempre cambiantes.

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