Hace
casi 70 años era impensable la incorporación de la mujer al ámbito
laboral a la par del hombre. Las generaciones que superan las cinco
décadas nacieron en una sociedad muy machista y donde a la mujer le
competían roles secundarios. Hoy esa realidad sufrió un vuelco
sustancial y hay estudios que comprueban que la mujer está más
capacitada para participar en el campo laboral y asumir roles
relevantes. No obstante, a veces este papel se ve enfrentado a la tarea
de proteger a la familia y acompañar a los hijos. La pregunta que se
hace hoy es la siguiente: ¿cómo
puede el sector público o el privado ofrecer un campo de desarrollo que
permita a la mujer conciliar ambos roles? Porque no podemos desconocer
el valor de la presencia de la mujer en el hogar, que asegura en mayor
medida la formación equilibrada de la familia. La mujer cumple el rol
más fundamental en la familia. La mujer es irreemplazable. Ella, al estar
abocada al trabajo, necesita destinar un tiempo a tareas que permitan
resguardar la protección de la familia. Eso es lo que se debe ofrecer
como condición básica a la mujer que trabaja. Recientes estudios señalan
que Chile es el segundo país de la región, después de Colombia, donde
más mujeres se han incorporado al mercado laboral. Por lo mismo, es
indispensable que esta creciente participación no perjudique el cuidado
de la familia, pero para ello hay que brindarle la oportunidad de
desarrollo profesional. En la Región de Magallanes y Antártica Chilena,
por ejemplo, en los últimos años hemos tenido a diversas mujeres en los
más altos cargos políticos.