La
saga “La Matrix”, demostró la tesis que en el mundo coexisten dos
realidades, una virtual y otra verdadera, que pocos quieren ver. Es más
cómodo refugiarse en la primera, que parece más “amable” a la gran
masa. Es así que en lo que acontece en nuestro país en los últimos tres
años, casi todos coincidimos en la apreciación que todo ha empeorado y
sigue empeorando, pero otra cosa es mirar las causas. Si las
desconocemos, es duro decirlo, pero nunca las cosas serán mejores si
tampoco las atacamos.
En esta semana, Gabriel Boric ha hecho un discurso en su viaje a
México, que más allá de su pobreza de vocablos acorde a su nivel de
conocimientos, solo se limita a emitir consignas. Sabemos que Boric es
solo el símbolo construido de un proceso revolucionario, colocado allí
por quienes están verdaderamente detrás de lo que ha acontecido y está
pasando, y que son tanto de dentro como de fuera de Chile. Entonces,
Boric ha reiterado sus concepciones globalistas, es decir, del nuevo
orden mundial en este caso para la economía, como que el sistema
económico pre pandemia no era sustentable, y que hay que sustituirlo por
otro, sin ser capaz, obvio, de enunciar en que consiste ese sistema
diferente. No le pida peras al olmo, él es solo un intermediario, las
decisiones no se adoptan en Chile, para Chile, pero valga esta confesión
de que el Presidente del país pertenece a las concepciones del nuevo
orden mundial. No solo se ha tratado de una demencia deconstruccionista
de nuestra cultura, instituciones y economía, se trata de deconstruir y
cambiar todo el orden mundial imperante. Ya no somos un Estado soberano y
lo sabemos.
Este gobierno ha sido instaurado, “elegido” por fuerzas oscuras, para
establecer en Chile el nuevo orden mundial en grado experimental,
atendido que destacamos en América Latina en desarrollo institucional.
De eso se trata, porque de acá deberían salir los modelos de variada
índole a imitarse en los demás países del continente. Aunque Venezuela
sea el epicentro actual de la revolución foropaulista. Por eso el
mencionado discurso mexicano destaca que la derrota del gobierno en el
plebiscito “solo fue un traspié democrático”. Y acá no ha pasado nada,
solo la evidencia que la opinión de las mayorías no existe, para los
globalistas y el actual gobierno que representa al nuevo orden. Ellos
tienen solo una meta: la imposición de la agenda 2030 de la ONU, y no
solo está en ello la izquierda, sino buena parte de la mal llamada
“derecha” cuyas actuaciones avergonzarían si aún existiera la vergüenza.
Hablan de “cumplir compromisos”, que tratan de imponernos a los
millones que nunca les hemos encargado comprometer
nuestro presente y futuro, demostrando que este país está absolutamente
manejado por una cúpula partitocratica y oligárquica que se ríen de una
democracia en que no creen y tampoco existe.
A diario capto la angustia de personas reales, sin cargos ni dineros
públicos, que no entienden por qué sus vidas se desmoronan, sus sueños
desaparecieron, hoy ya no se piensa en el futuro, apenas en el presente y
controladamente. Hasta tener una parcela esta en tela de juicio, todo
es atacado y demonizado por esta revolución que pocos osamos nombrar, el
miedo se ha apoderado de todos los niveles, todo el que puede y tiene
recursos se está yendo del país, el alza sostenida del dólar se debe
elementalmente al debilitamiento de nuestra economía y a la escasez de
la divisa, nos entran menos y se van más. Alguna vez soñamos con ser un
país desarrollado, eso lo destruyeron, pero no solo el sueño, nuestra
seguridad, confianza. “Chile es un país dividido” dijo también Boric,
sin indicar que nada se está haciendo en contrario. Porque a punta de
decretos, de divisiones, de hacer nada, se imponen de facto las
políticas del actual gobierno. Ellos están ejerciendo el poder, lo que
los anteriores nunca hicieron. Miles de contratas funcionarias terminan
el próximo mes, nos preguntamos cuantas y cuales no se renovaran, los
amigos y camaradas están reclamando sus lugares. Porque lo único cierto
detrás de los discursos vacíos y sesgados de Boric, es que este gobierno
no gobierna para Chile sino para el poder como fin en sí mismo. Chile
en tres años más estará en hilachas pero, ¿Quién ha dicho que pretenden
irse? Más bien esperan nosotros nos vayamos, y así quedarse con un país
pobre y aterrado.