Pareciera
que no. Pareciera que ven la vida acontecer como un domingo. Parecieran
alejados de los problemas cotidianos y ausentes de las necesidades de
la población. El gabinete regional sufre de desconocimiento entre los
habitantes de Magallanes. Muy pocos conocen los nombres de los seremis
de nuestra región, pero especialmente muy pocos saben lo que hacen o han
hecho desde que asumieron el cargo. La razón de porqué sucede esto no
son del todo muy claras, especialmente si tenemos en cuenta que venían a
despercudir la política nacional y regional. Una nueva generación
llegaba al poder para hacer política de manera distinta. La tesis
giorgiana de ser mejores moralmente que las generaciones que le
antecedieron se convirtió en un dogma de fe que blandían y blanden aún
en su cruzada moralizadora. Por eso el contraste entre lo que hacen
efectivamente y la promesa implícita de hacer mejor política es tan
brutal. Porque más allá del discurso, de la cuña, de la frase ingeniosa
que el Presidente, ministros, delegados presidenciales y otras
autoridades espetan, hoy vemos gobernando una mezcla rara de
Concertación con Nueva Mayoría, y no a quienes urbi et orbi iniciaban un
camino hacia el hombre nuevo.
Sin
embargo, la principal razón de la inactividad del gabinete regional y
del Gobierno nacional es que esperaron desde su asunción que ganara el
Apruebo, de manera que desde el 5 de septiembre se pondrían a trabajar a
toda máquina desmantelando la actual institución y construir el nuevo
Chile, refundado por obra y gracia de quienes se auto perciben como
adelantados a todos nosotros, pobrecitos mortales que vemos tanta
televisión. Así, en el ínterin pausaron o mejor dicho, voluntariamente
hicieron lo mínimo necesario en sus respectivos cargos, puesto que la
tarea y el trabajo grueso y esencial era implementar las normas para el
Chile Plurinacional que aún sueñan. Pero esta manera de asumir los
cargos de gobierno ha sido y es de una gran irresponsabilidad porque con
dinero de todos los chilenos se dieron el lujo de trabajar poco, el
mínimo necesario para mantener funcionando las instituciones. De alguna
manera parece correcto decir que entraron en funciones el 5 de
septiembre, cuando los 900 mil ejemplares del proyecto de Constitución
que el Gobierno mandó imprimir como propaganda, les cayó a sus pies, de
manera similar a lo que sucedió con el Muro de Berlín. Con todo, los
días posteriores al plebiscito fueron para el gobierno
de perplejidad, de asombro ante la contundencia del resultado,
siguiendo la parálisis ejecutiva. Estas mismas circunstancias recalaron
en Magallanes a manera de recriminaciones en el Gobierno Regional y en
las coaliciones que sustentan el gobierno.
Como
un bálsamo para las críticas, las autoridades y los analistas afines al
gobierno imputan a una mala estrategia de comunicación el
desconocimiento en los habitantes de la región de lo que realizan; es
decir, el error no estaría en lo que hacen, sino que no lo comunican o
lo mal comunican. Como dijimos, este es sólo un edulcorante para la mala
gestión que ya costó la caída del seremi de Gobierno, Arturo Díaz. Y a
propósito de Seremis, la labor de la seremi del Trabajo, Doris Sandoval
en relación a la huelga de los guardaparques de Conaf cae
francamente en la desidia, máxime si tales funcionarios están
contratados bajo las normas del Código del Trabajo. La región no merece
que millones de pesos mensuales se boten en una autoridad que no da el
ancho, porque no defiende a los trabajadores en huelga ni defiende a su
gobierno.