Revisando
las encuestas sobre el Proceso Constitucional me acordé de la frase de
Clemente Pérez, “cabros, esto no prendió”. Se van a cumplir 4 años de
esa proyección y todo apunta a que esa llamativa frase hoy está cobrando
total vigencia. Todas las encuestas de opinión que están midiendo el
Proceso Constitucional marcan que la opción en contra le ha sacado una
importante ventaja a la opción a favor y no se ve en el horizonte alguna
posibilidad de revertir esa tendencia. Si bien entre la derecha hay
optimismo que la gente apruebe el texto ofrecido, lo cierto es que hay
voces de parlamentarios de ambos lados, que estiman que el proceso no ha
provocado
el interés que se esperaba y algunos hasta piensan en que puede que no
se efectúen las elecciones. Quien lo diría. Esto es lógico, pues no fue
un proceso que la ciudadanía pidió, sino más bien fue un capricho de una
clase política que no aceptó el mandato popular y que buscó darse un
gustito a costa de los chilenos. Lo cierto es que los ciudadanos están
cansados que se juegue con su tiempo y sienten que la propuesta
constituyente no resolverá sus problemas ni sus aspiraciones. En el
fondo el problema es más de oferta que de demanda.
¿Existe
alguna opción de salvar el Proceso Constitucional? La respuesta es no,
básicamente porque la desconexión entre los partidos y la gente es
abismal, porque quienes impulsaron el proceso dijeron una cosa y ahora
hacen otra y porque simplemente este proceso no prendió. No solo será el
gobierno
quien cargue con la culpa de un nuevo fracaso constituyente, sino que
toda la clase política empecinada en contar con una nueva constitución.
Si José Antonio Kast pensó que este proceso lo fortalecería en sus
aspiraciones presidenciales, todo apunta a que ese cálculo le fallará,
ya que la responsabilidad del Partido Republicano por entregar un texto
convocante está puesta en duda. Hoy la gente busca que los problemas en
salud, en vivienda o los temas de seguridad pública sean de interés
central más que los debates estériles que se han visto en la convención.
Tal vez la idea no era proponer un texto representativo, sino que
convertir este proceso en una plataforma presidencial. Pero la gente no
es tonta y se ha dado cuenta que las intenciones eran otras y José
Antonio Kast está cayendo en su propia trampa, al punto que sus
partidarios ya comenzaron a tomar distancia de su figura. Las
volteretas te pasan la cuenta y no hay propuesta que cambie la historia.
Hoy la suerte está echada.