El lunes 30 de octubre, simbólicamente, va a terminar el segundo proceso constitucional para nuestro país. El texto ya se puede revisar, por lo mismo, es importante hacer un par de reflexiones.
Lamentablemente no logramos una constitución de unanimidad dentro de las fuerzas políticas. Viendo el desarrollo del debate, mayormente responsable de esto fue la izquierda, quien, con un sutil baile de máscaras, solo hizo una estrategia para instalarse en el En Contra.
Esa estrategia, a la luz de la actualidad, fue desde un inicio. Nunca estuvieron disponibles. Los datos están a la vista: muchas cosas de las que pidieron “supuestamente” para valorar el texto escrito las terminaron rechazando. Por ejemplo: ChileVamos les ofreció cambiar la redacción de “proteger la vida de quien está por nacer” para que no tengan duda respecto a la prerrogativa de la ley de aborto en tres causales. Esa enmienda se presentó, pero fue finalmente la propia izquierda quien la votó en contra. ¿Quién entiendo esto? En la última semana, la izquierda rechazó la aprobación que crea una Agencia Nacional para la Erradicación de la Corrupción y cabe la reflexión honesta: ¿Quién podría votar en contra de esto? Por eso la izquierda nunca estuvo arriba del proceso.
Lo que viene para delante no será una campaña fácil. La ciudadanía sigue mirando con distancia, cansancio y desencanto este segundo proceso, con el fantasma encima de la fallida convención constitucional. Sin embargo, creo, que esta es una oportunidad de una Constitución razonable. ¿Es completamente perfecta? Para nada. Pero en el marco principal, fue escrita con la mitad de las enmiendas aprobadas por unanimidad, aunque la izquierda no quiera reconocerlo.
Tengo la convicción, honestamente, de que este juego de reglas del nuevo texto está acorde al momento que vive el país y también para los próximos 20 años en materia de estabilidad, desarrollo económico, seguridad y respeto de la libertad individual, entendiendo que esta solo es factible cuando las personas tengan un piso mínimo de dignidad, para que verdaderamente esa libertad exista y no sea de papel. Esta propuesta camina a esa libertad de facto.
Tenemos que ser capaces de cerrar este capítulo porque los problemas no se pueden seguir heredando por otros 40 años. Lamentablemente, la izquierda jugó al todo o nada y hoy su foco, así lo han advertido, es que una vez que se realice el plebiscito y si gana el En Contra, agudizarán la demanda constitucional. Creo entender que la mayoría de nuestro país no quiere volver al timing de octubre de 2019. Nuestra historia republicana, más allá de lo que digan, nos ha demostrado que ninguna Constitución está escrita sobre piedra, y esta vez tampoco será la excepción. Hoy hay que escoger lo que es mejor para el país y la propuesta del consejo es mejor de lo que tenemos hoy.