Ganar elecciones: el opio de la política chilena

En política hay una
frase dominante respecto a la noche del proceso electoral, ese momento
en que se conoce el escrutinio, y que resuena más o menos así: “Las
elecciones no se ganan ni se pierden, las elecciones se explican”.

Sin
el ánimo de plantear algo ilógico, de un tiempo a esta parte, en Chile,
da lo mismo quién gane las elecciones, ningún conglomerado político ha
sido capaz de administrar un triunfo en las urnas.

Desde
el primer gobierno del Presidente Sebastián Piñera, Chile ha tenido
bloques que han alternado el poder y que, luego de ganar en las urnas,
no han sido incapaces de ejercer control y poder político. Desde la
fallida retroexcavadora de Bachelet 2, pasando por la inestabilidad y el
estallido en el último mandato del piñerismo y la “desoladora”
situación del actual gobierno, la atomización del sistema político ha
contribuido a la incapacidad de pasar del triunfo electoral a tener un
control de la agenda.

Básicamente,
los políticos, entienden que la mayoría circunstancial de una elección
les da un piso de estabilidad, situación que es tan ficticia como
efímera.

Se ha
especulado respecto de sí el Partido Republicano se transformará en el
partido más votado en la elección del 7 de mayo, situación que
demostraría una vez más lo pendular de la política y la sociedad chilena
de los últimos 15 años, pero la verdad sea dicha, el triunfo de ese día
puede “reordenar” el eje del poder en la derecha chilena, pero
resultaría extremadamente categórico señalar este hecho puntual sea un
cambio que tenga bases sólidas o sostenibles en el tiempo.

Quizás
los republicanos puedan celebrar esa noche, pero también transformarse
en una especie de “reino independiente”, que pueda parecer grande y
fuerte, pero que su principal debilidad es esa: transformarse en el
enemigo común de prácticamente todo el sistema político chileno. La
incapacidad de generar acuerdos ha sido la piedra angular de estos
procesos, donde radica el cuestionamiento hacia el proyecto político
encabezado por Kast.

La
UDI fue en varias elecciones el partido más grande de Chile y nunca
pudo instalar a uno de los suyos en el Palacio de La Moneda. En Chile,
el triunfo no se mide esa noche, se podrá medir 36 meses después.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS