Gobierno de Chile: una cartografía de su metástasis

A
casi un año y medio de gobierno los problemas, desilusiones y demandas
de la ciudadanía se insertan cada vez con mayor preponderancia con el
único fin de ser atendidas, sin duda, vivimos un paisaje político donde
las volteretas, mentiras, utopías y constantes quiebres abundan por
doquier. Tal vez, el gobierno ha perdido su foco central y el aclamado
pueblo paga constantemente las consecuencias sobre diversas áreas de la
sociedad civil. Por tanto, de ahí que mi columna de la semana se titule
“Gobierno de Chile: Una cartografía de su metástasis”.

Primero,
en el último tiempo se han “normalizado” las reiteradas muertes de
funcionarios de carabineros argumentando que son hechos aislados,
situaciones particulares y producto del ejercicio de orden público, sin
embargo, dichas muertes adscriben principalmente hacia el carente
respaldo del Ejecutivo para con la institución acuñada. Cabe señalar
que, los famosos DD.HH. (Derechos Humanos) y sus principales
pseudolíderes, entre paréntesis, guardan silencio sobre esta degradante
realidad. Hemos olvidado que las fuerzas de orden público están para
resguardar la ciudadanía, seguridad y posibles desequilibrios que
afecten la vida comunitaria, así fue pensado bajo la categoría de “poder
judicial” en el imaginario de la filosofía política de la Revolución
Francesa.

Segundo,
la ausencia de políticas públicas y las reiteradas ocurrencias del
Ministro Marcel en materias de economía suscitan inflación, poco
crecimiento económico, rechazo de una “reforma” tributaria (resultado),
y, como si eso fuera poco, la pretensión de “nacionalizar” el litio y la
interminable utopía de eliminar las Isapres. Pareciera ser que en Chile
existe una cierta alergia al mundo privado, dicho sea de paso, un
resquemor amplificado por algunos medios de comunicación y “referentes”
en temáticas públicas. Al paso que vamos, no sería extraño visualizar un
declive mayor en la inversión y, por ende, aumentar el anhelado gasto
público. El Estado consume recursos y empobrece a los sectores más
vulnerables del país, aquel aparto burocrático debe cuidar la
democracia, velar por la seguridad y relegar toda violencia del “todos
contra todos” planteado por el filósofo Tomas Hobbes; este es el
verdadero rol del Estado.

Tercero,
la inseguridad ha corrido la línea desde una “tolerancia” y
flexibilidad gubernamental, por ejemplo: (1) suspensión de clases
producto funerales narcos, (2) muertes hacia docentes de
establecimientos educacionales a partir de conflictos con el alumnado,
(3) protestas de vociferantes sin permisos en la vía pública (claro, es
parte de la “tolerancia” democrática), (4) compra de una clínica con
conjeturas, irregularidades y cuestionamientos donde se hace caso omiso,
(5) delincuentes sueltos producto de indultos “justificados”, (6)
carpas al estilo casa habitación en avenidas principales, (7)
inmigrantes indocumentados, (8) Terrorismo en la Araucanía y la lista
podría continuar. Este Chile es donde el gobierno inscribe sus
ideologías políticas por sobre el bienestar de los contribuyentes que,
debemos recordar, son los que sustentan un Estado. La seguridad social
es probablemente el foco más tensionado, esta temática constituye una
carencia que avanza a pasos agigantados a la destrucción masiva de
inmuebles y mobiliarios públicos del territorio chileno, junto con ello,
la ausencia de fuerzas de orden público que soslaya un anarquismo al
estilo siglo XXI.

Por
último, a semanas de haber sufragado en las urnas respecto de las
propuestas de la Comisión Experta; las ideas, intenciones y resultados
estuvieron marcados por una verosimilitud del partido republicano y su
constituyente Luis Silva. Racionalidad y ausencia de utopía contraponen
al presente Gobierno que sufre una constante interpelación tras la mala
gestión, falta de liderazgo, nulo crecimiento económico, deterioro del
patrimonio público, degradación en la educación, precarias aristas de
seguridad social, tolerancia ante muertes de funcionarios de
carabineros, desafortunados proyectos como la denominada Fonasa plus, el
siempre latente deseo de aumentar impuestos a los más ricos y ahora la
pretensión de nacionalizar el litio y eliminar las Isapres. La “deseada”
nueva Constitución se ha convertido en el capricho del Gobierno y único
sustento para desarrollar la “agenda política” comandada por el
Presidente Gabriel Boric. Tal vez, el excesivo foco de atención del
Ejecutivo respecto de la carta magna (Constitución), ha tatuado una
enfermedad de la cual todas y todos los chilenos contemplamos a diario,
de ahí que se hace urgente manifestar la premisa de nuestra columna
semanal, Gobierno de Chile: Una cartografía de su metástasis.

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