El
próximo 23 de junio se realizarán las elecciones para un nuevo gobierno
universitario en la Universidad de Magallanes, 128 académicas y 118
académicos decidirán los destinos de nuestra universidad regional, en
ellas y ellos está igualitariamente distribuido el poder de elegir una
autoridad que lo ejerza de un modo democrático, participativo y
transformador. Es decir, una autoridad que junto con compartir el
diagnóstico de la inmensa mayoría de las y los electores en relación a
la necesidad de realizar los cambios profundos y de modo urgente que
permitan retomar de modo claro nuestro liderazgo regional en materia de
educación superior. Y de este modo, para que las ingenierías vuelvan a
florecer en la UMAG, al igual que los invernaderos del Centro Hortícola
del Instituto de la Patagonia, para que las Humanidades recuperen el
sitial que tienen en cualquier universidad del mundo, para que las
Ciencias de la Salud fortalezcan su visión humanista, y las matemáticas,
las ciencias básicas, la acuicultura, las ciencias antárticas y la
biología vuelvan a encantar a las juventudes magallánicas: como lo
hicieron en su época los primeros cursos universitarios de Electricidad y
Mecánica que impartió la Universidad Técnica del Estado (UTE) a partir
del 2 de Mayo del año 1961. Todo lo demás ya es historia. Sin embargo,
corresponde a nosotros decidir cómo, en qué términos y con qué
autoridades continuaremos esta historia, es decir, nuestra historia
institucional de casi 61 años. Y en eso consiste el Poder en su estado
más puro, en la capacidad de definir individual y colectivamente nuestro
destino. Y la democracia, las votaciones y elecciones son una instancia
para ejercer activa y soberanamente ese Poder. Al respecto, el PNUD
(2004) en su informe de desarrollo humano: El poder, ¿para qué y para
quién? Y que en su momento analizó el Poder en Chile, entendiéndolo como
la capacidad de acción de las personas para apropiarse de las
oportunidades existentes, definir las finalidades o sentidos
compartidos, distribuir los recursos, determinar normas y ejercer
autoridad. El informe corroboró lo que ya todos sabíamos: que en Chile
el Poder está muy concentrado y llamó a promover su desconcentración.
Los cambios de la sociedad chilena, decía, demandan nuevas formas de
conducción, una concepción más horizontal del poder y una estructura más
equitativa en su creación y distribución. Desde mi/nuestro punto de
vista, este diagnóstico de la realidad nacional aplica exactamente para
la UMAG hoy día. En un contexto institucional diferente y una escala más
local, obviamente. Comprender como electoras y electores, que el poder
reside en nosotras y nosotros, en nuestra unidad de propósitos
compartidos implica asumir que el poder no habita en una persona, un
líder o un candidato o candidata de ocasión, que las elecciones no son
una feria de vanidades ni un mercado electoral, que una campaña
electoral universitaria se decide en los argumentos que dan fuerza y
consistencia a las ideas compartidas por los votantes, por cuanto los
liderazgos no son una sumatoria de elementos simbólicos que intentan
destacar artificialmente
o por vía del poco sutil marketing electoral algún rasgo que cautive la
atención de los votantes. Por muy tentador que sea aplicar lógicas
electoralistas concentradas en lo visual o en la imagen individual, no
podemos perder de vista que lo esencial en el ejercicio democrático
definido como elecciones es el debate de ideas, son las propuestas
fundadas en el análisis lógico y en la experiencia del trabajo
compartido, es a partir de un diagnóstico objetivo y riguroso el
reconocimiento de la realidad y sus complejidades, es una propuesta
programática basada en un proyecto de Universidad que integre las
medidas y tareas más urgentes para que una institución pequeña, sólida
en su historia y con todas las potencialidades para llegar a buen
puerto, pueda navegar en un mundo, un país y una región en un proceso de
transformación profunda. En nuestra propuesta hemos definido un rumbo,
un proyecto, un ideario hacia dónde queremos llegar: aportar como
universidad pública al bien público regional y nacional desde
Magallanes. Y para ello, se requieren nuevas formas de concebir el
poder, por tanto nuevas formas de gobierno universitario: participativo e
incumbente, transparente, democrático e igualitario teniendo muy
presente aquel informe del PNUD que señalaba: “Los cambios de la
sociedad chilena demandan nuevas formas de conducción, una concepción
más horizontal del poder y una estructura más equitativa en su creación y distribución”