Ha fallecido un cristiano ejemplar: Mateo Martinich, “El carpintero”

Transcurría
el Gobierno de Eduardo Frei Montalva el año 1968, cuando ingresé a
formar parte de la Democracia Cristiana, nuestra bienvenida era
encabezada por militantes mayores que se encargaban de irnos
introduciendo en la doctrina, allí conocí a Mateo Martinich Martinich,
con el ABC en la mano, manual indispensable en la formación doctrinaria
que duraría un año, no puedo olvidar su calidez, sencillez y nobleza,
producía un interés especial entre quienes nos sentábamos a escuchar sus
amenos relatos y argumentos, sus explicaciones sencillas y consistentes
sobre los valores y la importancia de la fraternidad y la solidaridad,
me toco en gracia ser de sus oyentes habituales junto a otro grande,
Jorge Magaña Reyes (QEPD).

Destacaba
siempre el significativo hecho de la unidad de Falangistas y Social
Cristianos que habían posibilitado la fundación del partido, siendo uno
de aquellos, era un tenaz defensor de la unidad interna, mis
agradecimientos a todos quienes oficiaron de guías doctrinarios, pero
allí especialmente me impactó la simpleza, la simpatía, el afecto y
sinceridad del eslavo de profundos y generosos ojos celestes que nos
animaba con entusiasmo, era Mateo “El Carpintero”, seudónimo que lo
diferenciaba de Mateo Martinic Beros, camarada Intendente de ese
periodo, “El Carpintero” tenía una especial forma de narrar los
acontecimientos que la había trasladado desde su profundo compromiso
religioso para abrazar la doctrina social de la Iglesia, era clara y
directa su conversación que no había alternativa de buscar excusas para
no asistir su adoctrinamiento, aún llama la atención la facilidad con la
que lograba atenuar la efervescencia que traíamos a raudales los
adolescentes que llegábamos allí.

Tuve
el privilegio de haber conversado en varias ocasiones con Mateo
Martinich, hoy siento que fueron pocas, pero en ninguna ocasión dejó de
manifestar su preocupación por la falta de fraternidad y disputas
partidarias, sin embargo nunca sus reflexiones contenían rabia, ira o
desconsuelo, contrariamente siempre animaba a la unidad, seguramente
también influido por la gran mujer que lo acompaño siempre, Estrella,
otra celebre “camarada”, cómplice de Mateo en la vida Partidaria y sobre
todo en la entrega a su comunidad religiosa y al voluntariado, en la
eucaristía cuando el sacerdote destacaba la importancia de los Martinich
– Calisto para aquella comunidad y el profundo compromiso Cristiano de
aquella noble familia, el poder ver a sus hijas Isabel , Magdalena y
Estrella tristes y acongojadas pero orgullosas de su legado, soy
agradecido por haberlo conocido y hoy le ofrezco mi más profunda
admiración y respeto. A los 95 años dejó de existir en lo presencial,
pero para quienes albergamos el concepto de una nueva vida, seguramente
ya es parte de la mesa de Dios Padre, aquí nos quedamos con su
recuerdos, anécdotas y vivencias, sintiéndonos orgullosos de la inmensa
dimensión del “Carpintero”. Nuestras condolencias sinceras a su familia y
a esa emotiva comunidad de vecinos que tanto cariño y preocupación le
profesaron.

Por
cierto, será una leyenda, sencillo, humilde y con un gran corazón, lo
he dicho en otras notas, en medio de la efervescencia política
contingente, donde la ofensa, el desprestigio galopan desbocadamente y
la descalificación es habitual, emerge este tremendo ejemplo de un
hombre simple, pero de una inmensa riqueza que me enorgullece, hoy
cuando muchos intentan soslayar el valor de los viejos, el ejemplo de
este gran Cristiano nos devuelve el orgullo y la fortaleza para luchar
por quienes más lo necesitan. Descansa en Paz Mateo Carpintero.

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