Hablemos de educación

La
educación, decía sabiamente una antigua profesora magallánica, es el
mejor regalo que los padres pueden darle a sus hijos. Educación, por
cierto, entendida en un sentido amplio: contenidos, pero especialmente
valores y principios.

Por
ello, y teniendo presente el lamentable presente de la educación
pública y el preocupante ausentismo escolar, es necesario reflexionar
sobre las diferentes políticas públicas educacionales que se discuten.

En
dicho contexto, constituye una buena noticia -y una muestra de
sensatez- el reciente rechazo de la Cámara de Diputados al proyecto de
ley que limitaba las horas de “libre disposición” en la Jornada Escolar
Completa. En concreto, dicho proyecto buscaba que estas horas sean
utilizadas en actividades complementarias a la labor educativa, pero
prohibía expresamente que estas sean usadas para aumentar las horas de
las asignaturas obligatorias. ¿Qué quiere decir esto? Que estas horas de
“libre disposición” no podrían haber sido utilizadas, por ejemplo, para
ayudar a nuestros niños en matemáticas o lenguaje, pero tampoco podrían
haber sido destinadas para educación física o arte (que son parte de
las asignaturas obligatorias).

Y
es que existe una aparente confusión en nuestro parlamento respecto a
cómo mejorar la calidad de la educación: no se quería permitir a los
colegios impartir educación física en las horas de libre disposición,
pero al mismo tiempo se tramita otro proyecto de ley que manifiesta la
preocupación por las bajas horas de esta misma asignatura y que busca
aumentarlas a cuatro horas semanales, en vez de las dos que hay
actualmente (recordemos además que solo hace 3 años se eliminó la
obligatoriedad de este ramo para tercero y cuarto medio). Lo alarmante
es que los niños, especialmente tras la pandemia, están teniendo
problemas para leer y realizar operaciones básicas de matemáticas. Por
eso es lamentable que no se les quiera permitir, si así lo estima
necesario el establecimiento educacional al que asisten, realizar
reforzamientos de las materias claves para su futuro.

Es razonable
permitir que los colegios, que son los que mejor conocen a sus
estudiantes, sean quienes evalúen lo que es más beneficioso para ellos
en las horas de libre disposición. Que detecten sus falencias y tengan
la oportunidad de remediarlas. El aprendizaje y desarrollo en la etapa
escolar, bien lo saben los profesores magallánicos, es fundamental para
el desempeño que los niños tendrán en su adultez.

Debemos,
como política de Estado y más allá de nuestras diferencias políticas,
abordar con urgencia los problemas de aprendizaje, el aumento en la
deserción escolar -un 24% desde la pandemia-, la alta inasistencia y la
crisis de la educación pública (no solo a nivel de cole
gios emblemáticos de la Región Metropolitana).

La
educación, bien lo sabemos, es condición necesaria para ser
auténticamente libres y es fundamental para la reducción de la pobreza y
de la desigualdad. Familias, sociedad civil y Estado: de todos depende.
Comprometámonos y hagámonos cargo.

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