Hacia una ley de filantropía ambiental

Si
bien nuestro país ha avanzado mucho en términos de conservación,
logrando aumentar las áreas protegidas terrestres y marítimas de manera
considerable en los últimos años, aún no se ha logrado fomentar la
filantropía ambiental. A diferencia de lo que ocurre en otros países
como Estados Unidos, en Chile no existe la tradición de que el sector
privado done para conservar el medio ambiente, entre otras razones,
porque no hay incentivos tributarios para apoyar a las organizaciones
que trabajan por esta causa. Y no sólo se carece de incentivos, sino que
el trabajo en medio ambiente es fuertemente castigado con la aplicación
de altísimos impuestos, pese a que en nuestro país hay diversas leyes
que facilitan las donaciones para otras finalidades (Ley de Donaciones
con Fines Sociales, Ley de Donaciones con Fines Culturales o Ley Valdés,
por nombrar algunas).

Debido
a estas trabas, hemos llegado al absurdo de que en nuestro país es
posible obtener incentivos tributarios para una muestra fotográfica
sobre la extinción del huemul, pero no para proyectos que lo protejan.
Afortunadamente el movimiento medio ambiental ha recibido apoyo del
extranjero durante toda su historia, sin embargo, es necesario que los
ciudadanos chilenos, comprometidos con la naturaleza, puedan participar e
involucrarse en el cuidado de nuestro territorio y su destino.

Un
cambio en la legislación debería apuntar no solo a facilitar a que como
chilenos aportemos económicamente a la conservación, sino que también
se fomente apoyar el activismo, que no es otra cosa que la defensa de la
naturaleza, de los derechos ambientales, y la promoción de nuevas
visiones e ideas para el resguardo del medio ambiente: financiar el
activismo es financiar el compromiso con el futuro de nuestro país.
Gracias al activismo se han ganado grandes batallas, tales como avanzar
hacia una matriz energética renovable, como ocurrió con el movimiento
Patagonia sin Represas, financiada mayoritariamente con recursos
internacionales.

Para
lograr un cambio en esta dirección, junto a otras 50 organizaciones sin
fines de lucro que trabajan en temas ambientales, nos hemos organizado
en la Red de Filantropía Ambiental, a través de la cual buscamos que el
país transite hacia los beneficios tributarios para fomentar las
donaciones en materia ambiental y la comprensión de que las conductas
filantrópi
cas
en medioambiente tienen enormes beneficios sociales, tales como
incrementar la cohesión social, además de que son fuente inagotable de
innovación y creatividad con impacto en nuestra salud, alimentación,
provisión de agua dulce, disminución de la contaminación, protección de
la biodiversidad, combate al cambio climático, generación de espacios
públicos, etc. Una cultura de filantropía ambiental que vaya más allá de
donar dinero, nos mueve a contribuir y participar de los cambios que
son necesarios a nivel global.

En
un contexto de extinción masiva de especies y crisis climática, es
urgente que como país avancemos en potenciar la filantropía ambiental,
entendiendo que la protección del medio ambiente no es de exclusiva
responsabilidad del Estado, sino que de todos los miembros de la
sociedad.

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