Hace ya dos años, se produjo el cambio de administración del estado-fisco-gobierno de esta larga y angosta faja de tierra que desde la frontera con Perú llega hasta el Polo Sur y tiene como vecinos, por el este, a Bolivia y Argentina y al Océano Pacífico por el oeste.
En todos los aniversarios, en todos aquellos en que hemos participado, siempre hubo algo que celebrar, hubo motivos de alegría, hubo momentos para el recuerdo de otros días gratos o no, pero este 11 de marzo me pregunto: ¿hay algo que celebrar?.
Y la respuesta, respaldada por el 66 por ciento de los chilenos, según la reciente encuesta Cadem y otras, es un rotundo no, no hay nada que celebrar, pero sí mucho que lamentar y clamar al cielo por los sufrimientos, vergüenzas, volteretas, mentiras, promesas y más promesas incumplidas.
O es que acaso, ustedes, fieles seguidores de esta columna de cada lunes, gracias a una gentil invitación de Pingüino Multimedia, no han sufrido por los muertos y heridos a balazos en las calles no sólo de Santiago, Arica, Iquique, Valparaíso, Los Ángeles y otros puntos de nuestro país, especialmente cuando se trata de niños pequeños o adolescentes o adultos mayores.
¿No han sentido vergüenza ajena ante tanto desatinos cometidos por quienes prometieron cambios profundos alegando a su favor “una superioridad moral” de la que carecían y se lanzaron contra los dineros fiscales por la vía de las “Fundaciones” y “Convenios”, mecanismos y eufemismos para denominar los robos y latrocinios frente amplista – comunistas que emularon así a los de la otra vereda, tan o más criticados, y privar a los chilenos más vulnerables de necesidades tan vitales como agua potable, luz eléctrica o alcantarillado?.
¿Y las volteretas frente a problemas concretos como la inseguridad ciudadana, el narcotráfico, la narco delincuencia o el narco terrorismo, por ejemplo, en la Araucanía?
Sabemos que los ineptos administradores del estado-fisco-gobierno nos han mentido más de una vez u ocultado la Verdad que fluye como agua de hechos concretos, como la audaz presencia de comandos extranjeros en nuestra ya casi indefensa Patria.
¿No ha sentido ira cuando comprueba con sus ojos y oídos promesas vanas sobre el litio chileno y su futuro o cuando la producción de obre baja, pero no los sueldos y regalías de ejecutivos tan o más ineptos que quienes los recontrataron, o cuando los dineros de una “fundación” sirvieron para la compra de ropa interior exclusiva o pintar fachas a 270 mil pesos el metro cuadrado o millones por repintar muros en nuestra Costanera a manos de “la pro cultura”, mientras falta tiempo y medios para reparar escuelas y liceos público en Atacama?.
¿Hay algo que celebrar? Lo reitero: no, no hay nada que celebrar…
Excepto que ha pasado el tiempo y ya van dos años y nos falta menos para que esta pésima administración entregue el poder, aunque su presencia maléfica, como dijo alguien, pudiera seguir sintiéndose y ahogándonos con los cien mil nuevos funcionarios “públicos” o activistas, en su gran mayoría, contratados con buenos sueldos que pagamos todos los chilenos…para hacer poco o más bien, nada.
Como millones de chilenos, yo no soy rencoroso ni vengativo y menos amnésico y como ellos, estamos acumulado rabia, pero, también, reservando alegría para cuando celebremos nosotros y nuestras familias y amigos, chilenos todos.