Entre fines de 2020 y
principios de 2021 se reportaron más de 5.000 toneladas de salmones
muertos debido al florecimiento de algas; este fenómeno no solo ha
generado pérdidas millonarias a los productores de salmón, sino que
además levanta la inquietud sobre las buenas prácticas y qué se puede
hacer para prevenir estos eventos.
El
aumento de temperaturas durante el verano genera condiciones propicias
para la ocurrencia de florecimientos de algas, lo que provoca
consecuencias graves para el ecosistema y centros acuícolas.
Pero
¿de qué forma se puede lidiar con la contaminación de algas en la
acuicultura? La mejor manera de mitigar y minimizar esto es la
prevención, ya que una vez que se desencadena un florecimiento masivo es
muy difícil controlarlo. Por lo tanto, en primer lugar, es importante
entender cómo y por qué se produce.
El
motivo es la eutrofización en el agua, esto es, cuando un cuerpo de
agua o una parte de este recibe un exceso de nutrientes. Estos son
generalmente residuos orgánicos que se pueden producir de forma natural,
dependiendo de las corrientes y las temperaturas del agua, como también
de la actividad humana.
Este
exceso de nutrientes acelera el crecimiento de algas y microalgas y
promueve una explosión demográfica que puede generar una intoxicación de
otros seres vivos y enturbiamiento de las aguas, impedimento de la
fotosíntesis natural de las plantas y por ende una reducción de la
concentración de oxígeno en el agua, lo cual termina por obstaculizar el
desarrollo natural del ecosistema, haciendo inviable la existencia de
las especies que antes lo conformaban.
Para
generar un buen desarrollo y evitar esta problemática en la acuicultura
se puede implementar un sistema de inyección de nanoburbujas de
oxígeno. Estas ayudan a promover la microbiología aeróbica que consume
el exceso de nutrientes, aumentan la concentración de oxígeno disuelto
en el agua y reviven el desarrollo natural del ecosistema, mejorando la
calidad del agua.