Los socialistas de todos los partidos han querido instalar constante y sistemáticamente
que es el Estado el ente que realmente mejora la calidad de vida de las
personas, sin embargo cuando se estudian los ingresos y las causas de
la mejora en el mundo, se evidencia que en los últimos 40 años, 77% de
la mejora de los ingresos del 40% más pobre del mundo, en 118 países, es
el resultado del crecimiento económico, y no de programas
redistributivos (Dollar, D. et al, 2013). Por ende es ahí, donde debe
ponerse foco para acelerar el progreso de nuestro país, focalizando
recursos y abriendo el mercado.
El
Instituto Fraser de Canadá define la libertad económica como el grado
de elección personal, intercambios voluntarios coordinados por el
mercado, libertad para competir y entrar al mercado, protección del
derecho de propiedad. Recientemente este instituto, encargado de
elaborar uno de los dos índices de libertad económica de mayor validez
metodológica en el globo, ha publicado la versión 2021 de su informe,
que toma datos del año 2019. Y que en esta nueva versión mide 165
jurisdicciones.
Las dimensiones más importantes del índice están establecidas
en medir: tamaño del estado; respeto a la propiedad privada y Estado de
Derecho; estabilidad monetaria; libertad de comercio internacional;
regulaciones comerciales, laborales y crédito. De lo anterior, las
economías más libres corresponden a Hong Kong (1°) y Singapur (2°),
seguidos por Nueva Zelanda (3°), Suiza (4°), Georgia (5°), siendo los
menos libres: Zimbabue (161°), Argelia (162°), Libia (163°), Sudán
(164°), y en último lugar Venezuela (165°).
Del
informe se extrae que las naciones en el cuartil superior de libertad
económica tuvieron un PIB per cápita promedio de US $50.619 en 2019, en
comparación con US $ 5.911 para las naciones del cuartil inferior,
además que el ingreso promedio del 10% más pobre en las naciones
económicamente más libres es más del doble del ingreso per cápita
promedio en las naciones menos libres (Fraser, 2021).
El
caso de Chile, que en el informe 2009 y 2010 obtuvo su mejor posición
histórica, llegando al quinto lugar, en el 2021 se refleja una caída
brutal de 15 posiciones, llegando al lugar 29 respecto al 14 que llegó
en 2020.
Según
el índice, nuestro país está en la posición 146 en lo que respecta a
regulaciones laborales, debido a su excesiva rigidez y falta de
flexibilidad, y además de poseer un engorroso sistema de contratación y
despido, que por cierto no son prioridades políticas de hoy. Por otro
lado, retrocedimos al lugar 97 en regulaciones de mercado, debido a la
excesiva y compleja normativa actual, además del incremento de la deuda
pública, tamaño del Estado, entre otros.
Es
necesario tomar conciencia que, bajo el escenario de inestabilidad
política y económica que presenta el país, en medio de una convención
constitucional que pone en riesgo la libertad de los ciudadanos con
pretensiones refundacionales, y sumado a los efectos de las medidas
restrictivas, las próximas versiones de este indicador verán a Chile
descender aún más en la libertad económica. Esperemos que no sea tarde
para enmendar el rumbo.