Inmisericordes

¡Qué expresión! No
frecuente, pero que sí asoma en nuestra memoria de tanto en tanto. Es
que no es buena, no obstante cuando aparece es debido a situaciones
sociales, humanas que la evocan, situaciones duras, tal vez no
tolerables o extremas; eso parecen. Ojalá nos equivocásemos.

A
todo esto, ¿qué significa inmisericorde? Según el DLE, es un adjetivo
calificativo que al atribuirse a una persona, es quien no se compadece
de nadie, que no se conduele con el prójimo. O, al menos, esa impresión
deja. No es buena noticia, ciertamente.

Pero pensemos en positivo. ¿De dónde proviene esta palabra? De misericordia, y ¿qué es, más o menos?

Misericordia
es una palabra compuesta de “miserere” que, como imperativo del verbo
miserari, tiene el significado de ‘apiádate’, y de “corde” que, como
ablativo del sustantivo cor, cordis, tiene como significado ‘con el
corazón’. Entonces, de modo casi directo, “apiádate con el corazón”. Y
concluimos por ahora, el significado de la palabra española
misericordia, es, según el DLE, en su primera acepción, “Virtud que
inclina el ánimo
a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos”.

Si
nos sometiéramos a un escaneo de mil cortes, ¿pasaríamos la prueba de
misericordia? O, ¿qué porcentaje alcanzaríamos, de 0 a 100 por ciento?
Seguro que depende de variadas circunstancias, lugar, tiempo, entorno
social,… La medición tendría como resultados cuán misericordiosos somos
en esas circunstancias, cuán dispuestos estamos a apiadarnos de
sufrimientos o aflicciones ajenos. La respuesta, contrario a lo que se
piense, no tiene que ver con materialidades, sino cuán sensibles,
bonachones, compasivos, o humanos somos.

Lo
opuesto, sensiblemente, es comprobar cuán intolerantes, perversos,
crueles, intransigentes, insensibles, somos en algunas situaciones,
donde lo que sí se espera es muestras de humanidad, de conmiseración, de
pi
edad, de sensibilidad.

Lamentablemente prima la doctrina, la bandera, el dogmatismo,
el rigor, el exitismo, la competitividad, la métrica, la aptitud, entre
tantos factores. Y, ¿qué, si apuntamos más, si atendemos más a la
condición humana? Seguro, otro gallo cantaría. Debemos conocer más al
otro, no solo por la apariencia, sino por su interior, sus capacidades,
sus dones, sus aptitudes, conocerlas, seguro da para mejores soluciones,
mejores respuestas.

¿Salidas a este intríngulis? Empatía, solidaridad, fraternidad, humanidad, en suma.

La
interrelación entre semejantes no es cuestión sencilla, es más bien
complicada. Para empezar no más, no hay quien sienta o piense igual a
otro. Todos somos diferentes. Y en cuanto nos relacionemos, nos
tratemos, o interactuemos, a la par, debemos hacer un esfu
erzo
en lograr un mejor conocimiento del otro, del tú, del usted, por ende, a
continuación, realizar una sencilla instancia de reflexión. Y recién,
solo recién, actuar, decir, manifestar.

Practiquemos, ensayemos, propongámonoslo. Demos un examen en un tiempo más. Veamos si saltamos la vara.

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