El pasado 5 de octubre, día del triunfo del NO, dejó la vida terrenal mi compañero, colega y amigo, Juan Carlos Moreno Diaz. Una extraña coincidencia quiso que sea el 5 de octubre, fecha icono del compromiso tuyo y de cientos de jóvenes de tu generación por poner fin a la dictadura y recuperar la democracia, el día en que te recordaremos para siempre. Y no podía ser de otra forma ya que tu vida siempre estuvo ligada permanentemente a buscar una sociedad mejor, a la búsqueda de justicia social, al compromiso por mejorar las condiciones de las personas y las organizaciones, a procurar más y mejor democracia.
Nos conocimos en la Juventud Socialista de Chile y hemos compartido por décadas las vicisitudes y eternas discusiones en torno a nuestra militancia y el rol del Partido en la sociedad chilena. Innumerables veces desde nuestra juventud hasta tiempos recientes tu visión trotskista chocó con mis posiciones gramscianas, pero siempre nuestras discusiones terminaron, luego de innumerables argumentaciones, en la fraternidad, el respeto y la perspectiva de camino común futuro (aunque sea desde trincheras distintas). Tu búsqueda de la objetividad, de actuar en correspondencia a tus convicciones, te llevó a ser un contrincante muchas veces duro y complicado, pero siempre con una posición amable, respetuosa y pausada, que hacía imposible irse enojado contigo. Siempre respetaste las ideas y nunca lo mezclaste con el trato a las personas. Luego de una discusión teórica siempre hubo espacio a una sonrisa y ese humor tan particular.
La vida nos llevó a ser colegas en la Universidad de Magallanes. Recuerdo que en unos de mis primeras tareas de investigación me recibiste en Concepción mientras estudiabas tu magister, me presentaste colegas, recibí tu orientación y la fraternidad tuya y de María Luisa. En la Universidad coincidimos en comisiones, proyectos e instancias de análisis institucional en donde siempre destacaste por tu análisis crítico, metódico, preciso y certero. Siempre nos invadiste de conceptos, datos y estadísticas por más menor o irrelevante que fuera la tarea. Había que hacer las cosas bien y por las razones correctas. Tu compromiso por un mundo mejor también incluyó la Umag lo cual te llevó a ser socio fundador y presidente de la Asociación de Académicos. Como coordinador de carrera me invitaste a dictar cátedra a tus alumnos donde pude constatar el aprecio que te tenían. Como profesor no sólo formabas profesionales sino también personas.
De tanto coincidir en la vida ser amigo tuyo fue inevitable. En 30 años de colegas fueron innumerables las charlas en pasillos, estacionamientos y uno que otro café. Junto a un puñado de colegas debatimos sobre visiones de Universidad y sociedad, pero junto a ello también creamos vínculos que forjaron fraternidad y amistad. Quizás el ser socialistas nos llevó a un grado mayor de complicidad y confianza. La honestidad fue siempre el tenor de nuestras reflexiones, aunque ello generara discrepancias o desencuentros (pero nunca enemistad). La critica respetuosa, el consejo oportuno, el apoyo técnico siempre fueron entregados con moderación, fraternidad y respeto.
Tu consecuencia ideológica te llevo a un profundo cuestionamiento de la institucionalidad partidaria, a tal punto que en varias ocasiones te declaraste en rebeldía y renegaste de tu militancia. Seguramente el peso de la historia personal y colectiva, razones afectivas y una fuerte reflexión se impusieron en tu pensar y te mantuviste militando en el partido de Allende. Siempre dijiste que debemos pensar por uno mismo y decidir dónde queremos estar, aunque se corra el riesgo de ser incomprendido y cuestionado.
Como escribió Isabel Allende “La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan” y tú vivirás por siempre. Honor y Gloria.