Juventud, divino tesoro

El
estereotipo del adolescente que vive en las nubes, que “anda en su
mundo”, desconectado de su realidad, se cae a pedazos. Hoy, la juventud
ha encontrado maneras de involucrarse en instancias que les permitan dar
su opinión, participar, e intervenir en diversas discusiones actuales.
Según datos del
Servel,
para el Plebiscito de 2020, el rango etario que más acudió a las urnas
fue el segmento entre los 20 y los 24 años, seguido del grupo entre los
18 y 19 años, para estar en tercer lugar los del rango entre 25 y 29
años.

Uno
de los aspectos interesantes que fueron incorporados a la propuesta de
la Nueva Constitución, es que jóvenes de 16 y 17 años podrán votar
voluntariamente en las distintas instancias de participación ciudadana,
como elecciones y plebiscitos. Independiente del resultado del
Plebiscito de Salida, es una iniciativa digna de llevar al Congreso para
lograr el mismo objetivo: lograr que nuestra sociedad progrese hacia un
modelo en donde se reconozca a la juventud como miembros activos de la
sociedad; creo que aspectos como estos son claves para cultivar una
democracia saludable. También, demuestra que las juventudes han
materializado su interés y voluntad de participar en una sociedad que,
por lo general, tiende a pensar que no se interesan en asuntos públicos.

Sobran
ejemplos de jóvenes que, a través de distintas plataformas, han
levantado la voz por el medio ambiente, por los animales, por las
mujeres, por los niños y niñas, por las personas con discapacidad, por
las diversidades sexuales, y otros grupos. Hay mucho que aprender de la
valentía que han demostrado las juventudes para intervenir en la
sociedad, aprovechando sus años más frescos para generar cambios que
impacten y beneficien a la sociedad.

Pero
manifestarse no es suficiente. Dar a conocer un problema es el primer
paso, sí, pero se requiere mucho más. Pasar a la acción de forma
concreta es algo que no está siempre al alcance de la juventud por
motivos económicos o la dificultad que implica organizar o siquiera
tener acceso a recursos. Y es ahí donde “el mundo adulto”, como
instituciones, empresas y gobiernos, puede intervenir y apoyar a
activistas como Julieta Martínez, Catalina Velasco (más conocida como
Cata Submarina), y muchas más que trabajan por demandas que nos
enorgullecen y motivan a ser mejores.

The
Body Shop es una marca activista desde su inicio, y trabajamos día a
día para ser coherentes con ello. Nuestro último y más grande proyecto,
Be Seen. Be Heard, está diseñado para formar más adolescentes
fuertemente comprometidas con sus pares y comunidad en general. Gracias a
la Fundación Tremendas y las municipalidades de Viña del Mar,
Peñalolén, Quilicura, Ñuñoa y San Joaquín, hoy estamos coordinando en
Chile nuestra campaña local #CiudadanasTBS, para crear distintos
Consejos Municipales, donde niñas y jóvenes podrán expresar sus
inquietudes y proponer iniciativas que impacten positivamente a su
entorno.

Hacerles
ver que son parte importante de la comunidad las motivará a retribuir a
un país que las escucha. También, nos permite volver a creer en la
institucionalidad y enseñarles que se puede trabajar en conjunto por un
país mejor, sanando así la profunda crisis de confianza en Chile. En
este Día Mundial de la Juventud, queremos reafirmar que el ímpetu de los
espíritus jóvenes es la fuerza de cambio que se necesita en el mundo.
Así lo creía una revolucionaria mujer llamada Anita Roddick, nuestra
fundadora, y hemos trabajado incansablemente por ese ideal. Nuestra
campaña junto a Tremendas es una prueba de ello.

Tenemos
fe en el potencial que la juventud chilena exhibe y, aunque en algún
momento ese “divino tesoro” sea un lindo recuerdo, tenemos la
responsabilidad colectiva de forjar una estructura que le permita a las
nuevas generaciones tener la confianza de alzar la voz por las causas
justas que sus corazones los motiven a seguir.

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