Septiembre
para Chile, reúne varias efemérides y conmemoraciones. La más reciente y
trascendental tiene que ver con nuestra independencia nacional y por
cierto, las Glorias del Ejercito. En esta ocasión y en atención que el
país está dado a la tarea de dilucidar cuál ha de ser la forma y manera
de encauzar la nueva Constitución que será la carta de navegación de
nuestra Patria a futuro, me permito comentarles que en septiembre, se
conmemora entre el pueblo evangélico-protestante el Mes de la Biblia.
Específicamente en 1569 en donde se concluye la impresión de este texto
sagrado al español y que por sus características iniciales en su
presentación, se conoció como la “Biblia del Oso” toda vez que su
portada lucía la figura de un oso extrayendo miel de un panal.
La
traducción al castellano corresponde al religioso y reformista español
Casiodoro de Reina que alcanzó a imprimir en una primera instancia unos
2600 ejemplares desde la ciudad Suiza de Basilea.
De
origen griego la palabra biblia nos remite a “libros” y tiene relación
con las dos grandes e importantes divisiones: Antiguo y Nuevo
Testamento, los que en conjunto suman 66 (39 y 27 específicamente), los
que conforman el canon de las sagradas escrituras. Dicho en buen
romance, la Biblia se constituye en la regla o patrón de autoridad para
el mundo cristiano e inserto en nuestra cultura occidental, reforzando
de paso, la fe y su práctica.
Pueblos
y naciones hacen uso y consultas de sus escritos como modelo o guía al
momento de generar sus leyes o cartas constitutivas. Quién no ha visto
en un despacho o estrado un ejemplar de este libro, testigo de actos de
juramentos o promesas que toman validez al asumir cargos y
responsabilidades.
Entendemos
que su lectura no resulta fácil en lo que a interpretación se refiere.
Una cosa es leer e interpretar a escritores clásicos de la literatura
universal, y otra, leer, interpretar y comprender a Dios. Convengamos y
declaramos definitivamente que su autor es Dios.
La
imprenta de Johannes Gutenberg en la década de 1450, abrió un nuevo
mundo de posibilidades para la reproducción masiva de la escritura y los
textos reservados hasta ese entonces, solo para quienes tienen el
privilegio de acceder a ellos. Así es como la biblia se convirtió en el
producto escrito que marca el inicio de la impresión masiva en
occidente. Un verdadero hito en la transición histórica de la humanidad.
La
propia reforma protestante iniciada por Martín Lutero se ve impulsada a
partir de la imprenta y la extensión de la nueva doctrina señala en sus
conocidas tesis.
Salomón
rubrica muy bien la esencia y significado de la Biblia; “deseables son
más que el oro y más que mucho oro afinado, y dulces más que miel y que
la que destila del panal …”, refiriéndose al valor y sentido que
tiene su mensaje para el género humano.
Señalado
como el libro más famoso del mundo, con mayor cantidad de
reproducciones e incluso el más vendido, la biblia es considerada una
verdadera obra literaria al mismo tiempo como documento fundamental para
el mundo cristiano, fuente de conocimiento y espiritualidad, guía y
compañía de quienes practican la fe en Dios, e incluso de quienes no
adscriben a ninguna religión.
Sin
lugar a dudas, la biblia ha trascendido a la historia, superando
prohibiciones o persecuciones, y ahí está, junto a creyentes y no tanto,
para llevar alivio a sus lectores, motivación y promover el amor en el
mundo.