La ciencia no se hace con cemento

En
muchas ocasiones los investigadores se ven con respuestas como éstas al
momento de solicitar financiamiento para sus trabajos: “No existe
dinero”, ”las partidas presupuestarias no consideran ese tipo de gasto” e
incluso “tenemos otras prioridades”. La verdad, que aquel es el
escenario que tenemos que vivir diariamente algunos académicos e incluso
con autoridades que piensan que el cemento es una solución -con esto me
refiero a inversiones en recintos de investigación- y no en recursos
directos para trabajo de campo. Claramente dicho aspecto no soluciona el
tema, la investigación es realizada por personas; por personas que
necesitan financiamiento directo para cumplir con los objetivos de su
trabajo. Las estrategias llevadas por algunos países difieren en estas
temáticas. Analicemos dos países que algo saben de Investigación y
Desarrollo (I+D). Estos países son China y Nueva Zelanda, ambos por
encima de Chile, con 2,1% y con 1,5% de gasto en I+D sobre el PIB
respectivamente -donde el PIB es el indicador que nos permite medir el
crecimiento de nuestra economía-. Para China la velocidad de la
investigación es fundamental y para aquello contrata la realización de
estudios fuera de las fronteras de su país. Esto se vuelve muy
interesante, ya que permite utilizar los conocimientos que surgen a
nivel global y que llevan a un objetivo de innovación y ciencia de
manera actualizada. Por otro lado, tenemos a Nueva Zelanda, cuya
estrategia es muy distinta a la de China, ya que la investigación la
realiza al interior de sus fronteras lo que genera a su vez capacidades
propias y la construcción de ecosistemas locales de innovación que a
futuro permiten la generación de competencias y capacidades propias. El
decidirse por una u otra estrategia, depende de las necesidades de cada
una de las naciones. En nuestro país no existe ni lo uno ni lo otro.
Nuestro país tiene un pobre desempeño en materias I+D. De hecho, alcanza
al 0,35% del PIB. Esto representa un sexto del promedio de los que
gastan los países desarrollados y lo que es más alarmante llega a apenas
un décimo de países que son destacados en estas directrices como lo son
Israel y Corea. Estamos incluso más abajo que Argentina, Brasil, Egipto
y Sudáfrica, que son naciones a las que hemos superado con creces en
temas de atracción de capital e inversión. Esto nos lleva a reflexionar,
ya que al parecer no es la inexistencia de recursos en Chile para la
I+D sino más bien es la visión de muchas de nuestras autoridades pasadas
y presentes que ven a la I+D como un gasto y no como una inversión. En
alguna entrevista la ex Presidenta Bachelet dijo: “las cosas pueden ser
peor” y la verdad que si… las cosas pueden ser peor en la búsqueda de
fondos de investigación. Si uno estudia la composición del gasto en I+D,
en su mayoría es financiado por el Estado y ejecutado por las
universidades, en donde la línea principal se relaciona con la creación
de paper y la participación en congresos y seminarios. Esta realidad
muestra que no existe ninguna estrategia en la I+D; las autoridades no
saben que hacer al respecto y la comodidad se relaciona con la gestión
de algunos fondos del presupuesto público para dejar tranquilos a
algunos académicos; incluso a nivel local -hablo de Magallanes-
escuchamos la preocupación por parte de las autoridades, no obstante,
ninguna de éstas -si escuche bien- ninguna de éstas ha tomado un plumón y
ha realizado clases regulares en una Universidad. Lo que es peor
tampoco se dejan asesorar en estas materias y a lo más permiten que
asistamos a alguna reunión sobre alguna estrategia regional de
desarrollo que como bien sabemos representa una buena política pública,
pero que se rige por las voluntades de los que ocupan los altos cargos
en la región. En este ambiente es muy complejo que nuestro país pueda
alcanzar el desarrollo por medio de la innovación, y las cifras cada vez
muestran un estancamiento productivo en nuestro país. Un ambiente
desolador, pero que nos deja una reflexión: ¡La ciencia no surge del
cemento!

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