Las
actividades antropogénicas representan la alteración ambiental más
intensa de los últimos milenios, de forma que para muchos académicos
actualmente estamos en una nueva etapa geológica, el Antropoceno.
Algunas actividades características del Antropoceno son: explotación y
quema de combustibles fósiles, contaminación química, cambio de uso de
suelo y deforestación, es decir, las actividades realizadas por los
humanos sin consideración al medio ambiente, a partir de la revolución
industrial. La intensidad con que se efectúan estas actividades ha
provocado cambios ecosistémicos importantes durante los últimos 100
años. En consecuencia, se han desplegado esfuerzos enfocados en
conservar la biodiversidad biológica. Sin embargo, estos se han enfocado
en el organismo visible (el cóndor o la ballena jorobada, por ejemplo),
ignorando por completo la dimensión microbiana (su microbioma
asociado), que se comenzó a estudiar durante la última década. Puesto
que las bacterias son ubicuas en el planeta, todo organismo (planta o
animal) se encuentra en asociación con ellas. Bajo esta comprensión
surge el concepto del holobionte. El holobionte representa el organismo
visible más todos sus microorganismos asociados. Los holobiontes pueden o
no, ser consecuencia de la coevolución. En el primer caso, se trata de
holobiontes cuyo estado obedece a cambios recíprocos ocurridos a lo
largo de miles (o millones) de años entre el organismo y sus microbios
asociados, Por el contrario, en el segundo, el holobionte se conforma
por la interacción entre el organismo con los microbios característicos
de su ambiente. Es decir, en este ejemplo la fracción microbiana del
holobionte estará influida por el ambiente. . En todo caso, el
holobionte es relevante para la salud y desarrollo del organismo. En los
humanos, existe evidencia que apoya la estrecha relación entre el
microbioma y diferentes trastornos psicológicos, epidérmicos,
inmunitarios y metabólicos. En animales y plantas también se está
empezando a estudiar la relevancia de las bacterias en diferentes
procesos fisiológicos. Esto invita a cuestionar el uso indiscriminado de
antibióticos y artículos de higiene, pues por definición barren con el
microbioma, sea benéfico o no. Esto cambia la composición microbiana del
holobionte, aumentando la probabilidad de que se desarrollen patologías
causadas por microorganismos. Otra interrogante recae en los esfuerzos
de conservación actuales. Pues estos no tienen en cuenta al holobionte.
Prueba de ello reside en la increíble higiene con la que se conservan
animales silvestres en cautiverio, condiciones irreales a las que el
animal experimenta en su entorno natural. Actualmente,
existen indicios interesantes sobre la fracción microbiana habitando la
epidermis de diferentes holobiontes (recordemos, holobionte es el
organismo visible, más todos sus microbios asociados). En el caso de la
piel de los humanos, se han detectado algunas cepas de Staphyloccoccus
que pueden conferir protección ante la radiación UV, incluso tienen
potencial para prevenir el cáncer de piel. Por otro lado, en los
anfibios, la composición del microbioma epidérmico es muy importante
para evitar el establecimiento de infecciones fúngicas. En el caso de
organismos marinos, se tienen varios estudios sobre los microorganismos
habitando la piel de la ballena jorobada. La evidencia actual, muestra
una prevalencia interesantísima del género Psychrobacter en ballenas
jorobadas de diferentes latitudes. No obstante, el rol que este
desarrollando la bacteria en el cetáceo permanece desconocido. Podríamos
concluir que todo esfuerzo de conservación biológica exitoso debe tener
en cuenta la concepción del holobionte. Desde luego, la importancia de
la fracción bacteriana diferirá entre especies, pero primero es
indispensable conocer las bacterias asociadas de forma natural con el
organismo que se desea conservar. En el caso del estrecho de Magallanes,
conocer a las bacterias asociadas a diferentes especies clave en
condiciones naturales, es el primer paso para generar el sustento
teórico sobre el holobionte en la región. Monitoreos microbiológicos
posteriores, permitirán reconocer si las bacterias asociadas con la
macroalga o las ballenas son compatibles con lo observado en condiciones
naturales, o se trata de bacterias muy distintas que pudieran indicar
otros fenómenos. En el Centro Regional Cequa
se estudian las bacterias superficiales de diferentes especies icónicas
de la región de Magallanes. En la mayoría de los casos se trata de
aproximaciones inéditas para las especies de la región, lo que generará
información valiosa para conservar la biodiversidad de Magallanes.