Lamentablemente la delincuencia está llegando a tal extremo que ya nadie está libre de ser víctima de algún delito. En Magallanes ya nos estamos acostumbrando a hechos que antes no ocurrían. Pero la mayor sorpresa es que en estas pandillas actúan niños que no son imputables ante la justicia por los delitos cometidos y que actúan con el máximo de frialdad y precisión en estos atracos.
Los estudios revelan que la mayoría de los delincuentes que roban, asaltan personas, casas habitadas o deshabitadas, lo hacen por la necesidad de obtener recursos económicos para adquirir drogas para su consumo habitual, pero, también las estadísticas informan que muchos niños y jóvenes delinquen por acostumbramiento de experiencias adquiridas de sus propios progenitores, que han hecho de sus vidas una escuela del delito y así, se van transmitiendo estos conocimientos y habilidades delictuales de generación en generación.
Desde hace casi una década en Punta Arenas, la intranquilidad nocturna se ha apoderado de la población. Hoy la ciudadanía espera y con justa razón, que algún día haya más tranquilidad en las calles y plazas de nuestra hermosa ciudad. Hay que implementar planes y estrategias eficientes que permitan disminuir esta guerra desatada que estamos presenciando a diario y que no nos permite vivir tranquilos.
Para algunos Magallanes sigue siendo una región tranquila, eso si lo comparamos con el resto del país, sin embargo, aquellos que han habitado toda su vida en estas lejanas tierras saben que Magallanes ya no es lo mismo que antes y si las autoridades no hacen nada por detener la delincuencia y la llegada de la droga a la región, en un par de años más estaremos igual que el resto de Chile.
Los magallánicos ya están cansados de que las autoridades pasen en diversas mesas de trabajo “buscando soluciones”, lo que los magallánicos quieren es simplemente que nuestras autoridades actúen y que Magallanes vuelva hacer la región tranquila de antaño.