La Democracia Cristiana y la definición presidencial

El
pasado domingo se llevó a cabo la primera vuelta de la elección
presidencial que, de manera inusitada, le dio la razón a diversas
encuestas que adelantaron que quienes resultarían ganadores serían
Gabriel Boric (25,83%) y José Antonio Kast (27,91%). Lo sorpresivo fue
que este último resultó primero, lo que descolocó a los partidarios del
postulante magallánico. La candidata DC de Nuevo Pacto Social, Yasna
Provoste, quedó quinta (11,7%) entre siete postulantes. Junto con eso,
la Democracia Cristiana bajó de 14 a 8 diputados. A todas luces fue un
mal resultado para mi partido.

La
discusión que se abre ahora es respecto de los apoyos en segunda
vuelta. En ese sentido, lo primero que quiero decir con toda claridad es
que yo no votaré por el candidato de la ultra derecha, porque creo que
no representa ni asegura muchos de los avances que, como sociedad, hemos
logrado en estos últimos treinta años. La pregunta, entonces, es qué
haremos como Democracia Cristiana ya desechada la opción de Kast.

Pese
a lo señalado el domingo en la noche luego de conocidos los resultados
por la presidenta de la DC, Carmen Frei, en el sentido que sería la
Junta Nacional la que decidiría la postura oficial del partido con miras
a la segunda vuelta, muchos nos sorprendimos cuando el martes se
conoció de una reunión en su casa con Boric y un posterior comunicado,
donde comprometía su apoyo al candidato de Apruebo Dignidad. El mismo
día, la senadora Provoste hizo lo propio.

¿Cuál
es mi postura? En primer lugar, creo -y así lo dije esta semana- que se
debe respetar la institucionalidad interna de la Democracia Cristiana,
pero, de manera especial, a los militantes de base que no conforman
parte de la élite del partido y cuya voz se expresa a través de las y
los delegados que hoy domingo, en la Junta Nacional, debatirán y
establecerán la postura oficial del partido. Como militante
disciplinada, acataré lo que en esta instancia se acuerde y estoy segura
el partido actuará pensando en Chile.

Independientemente de aquello, permítame establecer la naturaleza de un eventual respaldo a la candidatura
de Gabriel Boric y que será lo que plantearé en esta Junta. En primer
término, señalar con absoluta nitidez que, pese a respaldarlo con el
voto, nos definiremos sin matices como oposición a su eventual gobierno.
Seamos claros, la ciudadanía nos dejó en esa posición, no nos eligió, y
ese es un resultado que debemos asumir con humildad.

Esta
postura significa, en la práctica, que no tendremos ningún cargo
gubernamental y que actuaremos como una fuerza política reducida,
crítica, democrática y constructiva. Los años que vienen para Chile
serán difíciles y todos deberemos colaborar para dar gobernabilidad y
sacar adelante reformas postergadas por demasiado tiempo.

Junto
con lo anterior, creo que, si la Junta Nacional decide apoyar a Boric,
esto debe ser sin plantear ninguna condición ni exigencia, ni
programática ni política. Esto es para ser consecuente con nuestra
ubicación en la vereda opositora que ya precisé. Proponer cualquier tipo
de condición es asumir parte en lo que sería un eventual gobierno de
Apruebo Dignidad y, como ya dije, la ciudadanía no nos eligió a
nosotros.

La
Democracia Cristiana es un partido de enorme tradición que le ha dado a
Chile grandes presidentes. Hoy, la historia nos pone en el lado de los
perdedores y será tarea nuestra emprender el

largo y pedregoso camino para volver a interpretar a las grandes
mayorías que, en el pasado, nos confiaron su destino. Es una tarea
compleja y desafiante, pero no podemos renunciar a ella
.

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