Hace unos días, el candidato presidencial por el Partido Comunista (PC), Daniel Jadue, dio a conocer su intención de impulsar una ley de medios que asegure la pluralidad y la objetividad.
O
sea, esos principios van a ser definidos por ley y un organismo público
establecerá cuándo se es objetivo y cuando no y cuando hay pluralidad y
cuando no.
Me
imagino de inmediato a oscuros personeros diciéndonos qué debemos
escuchar y qué no debemos ver en televisión o que no debemos leer en
prensa escrita.
Bueno,
pero aquí se habla de objetividad, de asegurarla por ley. ¿Pero quién
tiene la facultad para determinar quién es objetivo o parcial?, ¿el
Estado?, ¿un burócrata?, ¿Dios?
Y
es que la objetividad, no existe, o al menos, no como algunos se la
imaginan. Así lo estableció ya hace mucho la Escuela de Comunicaciones
de Frankfurt y tantos otros intelectuales.
Al
parecer, Jadue tiene esa posibilidad. O al menos la promete. Más tarde
en una entrevista en Canal 13, declaró: “El Estado debe tener medios que
aseguren pluralidad y que efectivamente se establezca una ley de medios
que asegure pluralidad y objetividad en la información, cosa que en
nuestro país no ocurre en ninguna parte”.
El
comentarista de Radio Bío Bío, Tomás Mosciatti, comentó que esa
afirmación significa que “sea para Jadue, todos los medios son malos y
él es el juez. Tiene que haber una ley que asegure la pluralidad y la
objetividad en la información. O sea, un burócrata, normalmente afín a
un partido político, como son los burócratas que establecerá cuando se
es objetivo, al más puro estilo dictatorial, una especie de Dinacos, esa
organización que tuvo el general (Augusto) Pinochet y, naturalmente,
luego vino la amenaza de Jadue. “Si hay medios de comunicación que no
cumplen con lo que estipula en su programa, podrán revisarse las
concesiones. O sea, si no se obedece al burócrata y su interpretación de
la ley, se van a cancelar, terminar, extinguir las concesiones. O sea,
la amenaza de Jadue es que se van a cerrar medios. Hace años, en nuestro
país que no se escuchaba una amenaza a la libertad más evidente. Porque
la libertad de información es la condición básica de toda libertad. No
recuerdo un candidato que haya propuesto regular el contenido de los
medios de comunicación, es lo que hacen en Venezuela, es lo que hacen
los chinos ahora en Hong Kong. Son regímenes que el candidato mira con
benevolencia”.
Y
ya que tocó Venezuela, bueno sería recordar la defensa que hizo el
Partido Comunista del régimen de Nicolás Maduro, tras el informe de la
Alta Comisionada de los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, sobre las
flagrantes violaciones a los derechos humanos en ese país.
Bueno,
el pluralista Partido Comunista de Chile dijo que, en primer lugar
rechazan todas las violaciones a los derechos humanos, y luego se lanzó
en una diatriba en contra del escrito y más tarde acusó con esos mismos
argumentos a Sebastián Piñera por la violencia policial durante las
manifestaciones de octubre de 2019, destacaba casi con orgullo en
televisión, la diputada Carol Kariola.
Con
esos mismos argumentos, me imaginaba a los nacis chilenos (los de Chile
se escribían con c) diciéndole a un hipotético relator de Derechos
Humanos a la ONU en Alemania, “sí rechazamos los atentados de los
derechos humanos y por ello condenamos la matanza del Seguro Obrero”.
¿Eso era objetividad y pluralismo?
Un joven emigrante venezolano me contó mejor,
de primera fuente, cómo era la objetividad en su país. “Estábamos en
una protesta por la democracia y de la nada nos atacaron los chavistas,
un amigo recibió un balazo y lo tuvimos que subir a una camioneta porque
ninguna ambulancia quiso ir donde estábamos. Y yo subiendo a mi amigo
ensangrentado y en televisión y en todos los medios de comunicación,
sólo se veía lo que decía el régimen y nada más. Lo que habíamos vivido
nadie lo contó”.
Siempre
lo he dicho, el camino al infierno puede estar lleno de buenas
intenciones, pero en este caso, ni siquiera hay eso, sólo hay una sed de
poder dictatorial absoluto y lo peor, es que podría hacerse realidad.
Yo
me preguntaría ¿qué pasa por la cabeza de Jadue? ¿Pretende imponer una
dictadura absoluta? ¿Sabrá acaso Jadue lo que costó reconstruir la
democracia en este país?
Con
todas estas declaraciones, el presidenciable comunista le hace un
flaco favor a Gabriel Boric, quien aprendiendo la lección de la dolorosa
derrota de Karina Oliva, astutamente está tratando de llegar más a
sectores de una izquierda tradicional o incluso centrando más en su
distanciamiento con los extremos, distanciándose del marxismo.
Me pregunto, ¿qué pretende Jadue? ¿Que en este país no se digan las cosas por su nombre?
Jadue
no tiene ideas de medios. No sabe la importancia de la información bien
entregada, no esa que realiza a diario su radio, la Radio Nuevo Mundo,
donde solo se difunden ideas, con un negacionismo constante y una
desatada y subjetiva crítica.
Señor
Jadue, los medios no estamos para eso. Los medios estamos para hacer un
servicio público de información a la comunidad y no para rendirle
pleitesías a ciertos políticos como usted o como los que quieren
apernarse en el poder.
Ya
basta de eso. Usted señor Jadue ha sido uno de los propulsores de la
destrucción de este país, no le siga haciendo daño y no pida hacernos
callar, porque no lo logrará con su panfletesco y añejo discurso.
Señor
Jadue, desde Magallanes le decimos que la gente le creerá a aquellos
medios veraces, con profesionales que sean creíbles y no simples
predicadores. Y esos medios se financiarán con dineros que no vengan de
oscuros sectores. Los medios profesionales y de verdad se financiarán
con el emprendimiento de este país.