La educación sexual y afectiva en personas con discapacidad es un derecho

 Un tema poco tocado son los derechos sexuales y afectivos de las personas con discapacidad, es un tema que se omite, tanto en los hogares, como en la sociedad. Hay muchos mitos, prejuicios o supuestos respecto de esto, como por ejemplo que “son asexuados” o “son hipersexuados”, “son niños eternos”, “no tienen deseos ni necesidades sexuales”, siendo que son manifestaciones necesarias para el desarrollo emocional de la persona, ya que generan satisfacción y bienestar. Esto impacta negativamente, ya que se silencia e invisibiliza la diversidad y se considera peligrosa e innecesaria la educación sexual, por lo tanto se evita y reprime, limitando el pleno ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos. Las personas con discapacidad no tienen un mundo diferente. Las caricias y besos son las mismas para todos. Hay que cambiar la mirada, porque tienen el derecho a ser informados, tener una educación sexual, expresar su sexualidad, formar una pareja, derecho a tener una vida sexual independiente. Respetarlos en lo que son, más allá de su discapacidad. Verlos en la etapa de desarrollo que están transitando: son niños, adolescentes o adultos, no son niños en un cuerpo de adulto. El nivel intelectual o la limitación física u orgánica no determina la capacidad de amar, expresar cariño, compartir sensaciones corporales, enamorar, seducir o respetar a la pareja. Lo que les impide tener relaciones saludables es la sobreprotección. Estar siempre pendientes y querer protegerlos tanto les impide que desarrollen su intimidad, por lo que muchas de sus conductas se producen en el único ámbito existente: el público. Entonces es el mismo entorno el que provoca la aparición de estas conductas desajustadas. Uno de los mitos más comunes es que las personas con discapacidad tienen una sexualidad incontrolable, impulsiva, llena de peligros, pero lo que ocurre es que no suelen recibir la tan necesaria educación afectivo-sexual para distinguir, a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo, cuáles son muestras de atención apropiadas e inapropiadas y cuáles son expresiones afectivas o prácticas sexuales que se pueden hacer en público y cuáles corresponden al ámbito privado e íntimo. Una intimidad necesaria y que el entorno debe favorecer. Ante esto, el Servicio Nacional de la Discapacidad -SENADIS-, dispone de fondos para poder desarrollar estas temáticas. En Magallanes está la Red de Protección en Derechos e Inclusión Social –REPRODIS-, quienes han trabajado con talleres y ferias de educación sexual y afectiva para personas con discapacidad, por un lado, para que puedan aprender a defenderse de posibles abusos y a pedir ayuda cuando la necesiten y, por otro, para que puedan conocer su cuerpo, sus emociones, sentimientos y afectos, aprendiendo a relacionarse con los-las demás de forma adecuada.

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