Ayer, domingo 7 de mayo
de 2023, se ha desarrollado un acto electoral cargado de desinterés de
gran parte de los chilenos habilitados para ejercer ese derecho ya
establecido en la Constitución vigente no desde tiempos del gobierno de
las Fuerzas Armadas y de Orden, que lideró el general Augusto Pinochet, y
que sufrió reformas y más reformas, para muchos, para el bien del país
y, para otros, ni tanto, según los grupos políticos de las últimas
décadas.
A
esta hora de este lunes 8 de mayo, todos estarán sacando cuentas,
generalmente alegres porque los resultados de un acto electoral siempre
tienen más de una interpretación y casi siempre, todos resultan
ganadores… de una u otra forma.
Esa
situación, que para mí no es nueva, debiera divertirme, pero, pese a mi
reconocido buen humor, esta vez me inquieta y mucho porque los
consejeros electos ayer van a asumir una tarea complicada, pero decisiva
para el futuro de nuestra Patria.
Pero,
más allá de esos resultados, recuerdo las enseñanzas de mi padre (mi
madre fue una gran mujer que, a contrario sensu de mi padre, “un ateo
con el favor de Dios”, afirmaba el viejo Leoncito, nos marcó con cuatro
principios trascendentales en mi vida: Dios, Patria, Familia, Libertad y
que persisten y convencieron, incluso a ese noble viejo obrero
municipal) y a la luz de los consejos familiares, comparto con ustedes
una de aquellas: “Nunca pierdas la Esperanza, Pancho, porque, incluso
después de la noche más negra, siempre saldará el sol… aunque esté
nublado”.
Y
por eso es que me permití titular esta columna aludiendo a la Esperanza,
la Esperanza de que la noche negra que oscurece desde hace catorce
meses a la PATRIA grande y a la PATRIA chica, con su carga de carestía,
de cesantía, de inseguridad, de narco delincuencia, de sicariato, de
condonación del CAE no priorizada (la deuda histórica de los profesores
¿igual?), de corrupción transversal – con sobres con plata más que
sospechosos, de compras de clínicas con millonarios sobreprecios, con
farmacias municipales (las de Punta Arenas, no, por si acaso) listas
para quebrar y violencia desatada en la Araucanía y no vamos a hablar de
los delincuentes extranjeros.
Pero,
la Esperanza de que Chile saldrá adelante y volverá a renacer bajo el
sol, sigue viva, sigue vigente, porque si el trabajo de los
constituyentes no es el que esperamos o si se insiste en imponernos un
modelo que ya rechazamos en forma categórica ya que 62 por ciento de
Rechazo lo fue… tendremos el Plebiscito de Salida en nuestras manos….
Y
mi padre también me enseñó que no vale la pena ser presa de la Amargura
ya que ese sentimiento es similar a un ácido que lo que primero corroe
es el envase que lo contiene y esto vale para los que vencieron, que su
alegría no se transforme en soberbia, y para los que no es decir, para
los perdedores.