La importancia del diálogo a la hora de vencer a la pandemia

Desde hace un poco más
de 15 meses, nuestras vidas cambiaron radicalmente debido a la llegada
de pandemia del COVID a nuestro país. En estos casi 400 días, los
chilenos conocimos de cerca el trabajo remoto, la telemedicina y la
educación a distancia; empezamos a relacionarnos con nuestros seres
queridos mediante aplicaciones de videollamadas, y comenzamos a confiar
en el eCommerce para adquirir todos los bienes que necesitamos en estos
confinamientos, entre muchos otros cambios.

Al
menos, así han vivido estos meses de pandemia los que han tenido algo
más de suerte para poder mantener sus vidas funcionando con cierta
normalidad, a pesar de todas las dificultades económicas y emocionales.

Pero
la realidad de la mayoría de los chilenos es otra: la deserción
escolar, el retroceso que se ha registrado en la inclusión laboral entre
las mujeres y el quiebre de miles de micro, pequeñas y medianas
empresas son prueba de ello.

Al
impacto que el COVID ha tenido en el sistema sanitario en su conjunto
(con trabajadores de la salud tremendamente sobre exigidos y que han
entregado todo de sí durante todo este periodo), se suma el que ha
tenido en la vida de las personas más vulnerables en el país (ya sean
estos estudiantes, mujeres o emprendedores) y que, seguramente, tomará
muchos años poder revertir.

Desde
la vereda del emprendimiento, sin ir más lejos, según cifras de la
Asociación de Emprendedores de Chile (Asech), actualmente son más de 30
mil pymes las que han debido cerrar sus puertas debido a las
complicaciones de la pandemia, mientras que otras 300 mil están luchando
por no desaparecer en los próximos meses. No es una cifra menor, mucho
menos considerando que las pymes en Chile emplean a casi el 39% de los
trabajadores.

Hemos
visto muchas propuestas, desde distintos organismos, que buscan frenar
la diseminación del virus. Sabemos que todas están hechas desde la buena
fe y las ganas de aportar ideas, expertise y trabajo para lograr salir
de esta situación que, a ratos, parece ineludible.

Sin
embargo, también nos consta que muchas veces esas propuestas son hechas
desde la mirada experta de un solo sector, sin comprender las
complejidades y dificultades que estas medidas pueden acarrear para
otros.

Evidentemente,
esta crisis no es solo sanitaria. Por eso, creo que es momento de
actuar unidos, de dialogar y buscar todos juntos los acuerdos necesarios
tanto en materia sanitaria, como económica y educacional.

Las
crisis nunca se han resuelto a puertas cerradas y es más necesario que
nunca abrir las puertas a más actores para que, juntos, podamos ser
parte de las soluciones.

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