Una
vez más se participó y concretó un proceso eleccionario que revestía un
profundo sentido republicano y del cuál muchos países aún destacan por
la forma en que el pueblo chileno lo lleva adelante. Claramente hablamos
del proceso en donde elegimos a consejeros y consejeras que tendrán la
misión y responsabilidad de contribuir a la redacción de una
constitución para el país.
Su
desarrollo durante el día y posteriormente la entrega de resultados,
hacen del proceso un acto ejemplar para la comunidad mundial. Ahora, el
resultado del domingo recién pasado, junto con dejar de manifiesto la
superioridad de una determinada fuerza política, también permite
enfatizar la precariedad existentes en otras; situación que debería ser
motivo de un exhaustivo análisis interno de cada colectividad por cuanto
hace mucho tiempo no han tenido una “comprensiva” lectura de lo que la
gente demanda de ellos. Los porcentajes son tan evidentes, como los
resultados mismos.
Muchos
partidos tradicionales y con una muy larga trayectoria en el ámbito
político, evidenciaron su total divorcio con los requerimientos y
aspiraciones que demanda el electorado. En el proceso pasado, triunfó
probablemente la consecuencia, la perseverancia, o la valentía de
mantener un relato sin especulaciones, sin dobleces ni medias tintas.
Su
propia organización interna así lo ha demostrado, cosa que en otros
sectores, acusan como uso frecuente, la debilidad y poca consistencia en
sus argumentos.
Ahora,
el compromiso de la ciudadanía ha de ser respetar y colaborar para lo
que queda de este largo camino donde todavía queda bastante trabajo por
delante.
Hablamos
de consolidar definitivamente nuestra carta magna, la que será en
definitiva, el marco regulatorio de nuestra vida ciudadana.
Hoy,
a escasas horas de haber concluido la elección se levantan voces, con
la mentada muletilla de que hay que rechazar lo que emerja del texto
final. Este tipo de propuestas, no hacen más que demostrar lo poco o
nada que hemos aprendido de los fuertes porrazos propinados en el
trayecto de la vida política nacional.
Es
más, se tiene la capacidad de rasgar vestiduras y sindicar a otros de
la debacle, sin tener un ápice de sentido común y hacer de la ocasión,
la oportunidad de revisar lo que está errado y se ha hecho mal, para
reparar e innovar recogiendo la opinión mayoritaria y hacer de ello el
sentido de esas colectividad.
Con
ello aseguramos coherencia, respeto y convicción por lo que resulte ser
la doctrina partidaria y que es lo que la gente espera de ellos.
Las
y los elegidos en esta votación, deberán tener la capacidad y
sensibilidad de establecer un diálogo y relación estrecha con la
comunidad, con el propósito de ir socializando cada paso vinculado a su
labor constitucional. Tendrán la tarea de generar un estrecho
acercamiento que posibilite disponer de toda la información necesaria
para asegurar el interés, conocimiento y la participación futura en la
aprobación o no de la propuesta final del texto fundamental.
En
tanto los partidos políticos, también tendrán una nueva oportunidad de
blanquear sus reales intenciones y motivaciones en este momento de la
historia nacional, y volver a ser dignos representantes de la
ciudadanía.
¿Podemos
estar a la altura de las circunstancias? Es de esperar que la respuesta
sea afirmativa, como deseo y como responsabilidad de participar en la
construcción de un mejor país, más justo y con mejores oportunidades
para sus habitantes.