Desde
que Punta Arenas disminuyó considerablemente las cifras del Coronavirus
y que nos mantuvieron absolutamente confinados por más de un año, las
calles ya se han visto nuevamente abarrotadas de vehículos. Hace unos
días, incluso, ya comenzamos a escuchar los bocinazos, a ser pacientes
en algunos tacos y a soportar un caos vial en ciertos horarios en las
calles de la capital de la Región de Magallanes y Antártica Chilena. El
fenómeno se ha ido incrementando también con el retorno a la
presencialidad de muchos en sus trabajo y de un alto número de
escolares. Una de las razones que explica esto es el incremento en el
parque vehicular, el cual en 15 años creció de 37.546 a 75.532 en la
Región de Magallanes, según el Informe Anual de Medio Ambiente del
Instituto Nacional de Estadísticas (INE). A nivel país la cifra asciende
a los 5.768.980 vehículos. En los próximos cinco años Chile podría
superar la barrera de los siete millones de vehículos. Si analizamos las
cifras nos danos cuenta de que en nuestra región hay un auto por cada
tres personas. Es alta la cifra, la proporción debe ser una de las
mayores a nivel nacional y ello radica en la necesidad del automóvil en
la zona más austral del país. Una proyección de los últimos 10 años en
el país apunta a que la tasa de motorización es de 81,7% y Santiago está
bajo el promedio, con 65,5%. En las regiones se produce una mayor
densidad. Por estos días se ha discutido mucho acerca de los precios de
los combustibles. Por esto mismo nos preguntamos, ¿por qué no hay una
subvención en los precios de las bencinas en las zonas más extremas del
país? Ahí se nos viene a la cabeza la mentada frase de que el auto acá
no es un lujo, tal como la calefacción es una necesidad.