Mencionaba
el pensador griego Polibio que la anaciclosis son los ciclos cuyos
regímenes políticos tienden a empeorar, degeneran o entran en crisis. En
particular Chile está en uno de esos ciclos. Se siente el evidente
desgaste político tras vivir 16 años de alternancia, periodos liderados
entre Michelle Bachelet junto a la concertación, y por Sebastián Piñera
al lado de la derecha, que finalizan con la elección de un joven Gabriel
Boric como el actual presidente de la república.
Y
nuestro actual presidente de izquierda, con el liderazgo que está
ejerciendo en su gobierno estaría pavimentándole el camino a un futuro
presidente Kast, de evidente matiz de extrema derecha. Estos rememoran
la disputa política entre Arturo Alessandri y su antagonista, también el
expresidente y creador de carabineros el General Carlos Ibáñez del
Campo. Formándose así un posible ciclo de alternancias de poder, o
quizás el inicio de algo peor.
Estos
ciclos viciosos también se viven en otros países de latino América y
que pueden seguir profundizándose a lo largo de los años. El mejor
ejemplo es nuestro país vecino Argentina, quien sufre lo mismo. Han
vivido las alternancias de poder entre el Kirchnerismo, un movimiento
político de centro izquierda variante del Peronismo que ha gobernado por
12 años, con la derecha. Inicialmente alternó con el Macrismo de centro
derecha y ahora posiblemente Milei de ultra derecha. Así los argentinos
viven los ciclos de alternancia sucesivamente.
En
cuanto a Brasil, tras ciclos de gobiernos de izquierda con Lula da
Silva y Vilma Rousseff, una alternancia con Jair Bolsonaro fue decisiva
frente a los fuertes casos de corrupción que mancharon el ambiente. Y
sin embargo, la cura fue funesta, con un gobierno muy alzado a la
extrema derecha, tomando pésimas decisiones sociales, acabó como todo
ciclo nocivo, con la reelección de un retornado Lula da Silva.
A
su vez Perú, es un caso muy particular. Tras el gobierno de Alberto
Fujimori y su auto golpe, la nación tomó una dirección autoritaria que
dio paso a gobiernos cada vez más desinflados en ideologías, donde el
discurso se preparó para convencer electores, mientras la tecnocracia
dirigía las grandes decisiones gubernamentales. Esto derivó a la gran
crisis
institucional donde cada unos cuantos meses se destituía al presidente
en servicio. Para acabar, el Presidente Castillo presa de la dinámica
vigente, decide auto golpearse para evitar su destitución, sin buenos
resultados.
Lo
que nos demuestra que la democracia está en un ciclo insano, donde
saltamos de un sector a otro, con la condicionante que cada vez se
decanta un poco de ideología a favor del populismo. Las ideologías de
cada sector cada vez están más deshilachadas, deformadas. Es una crisis
que arrastra consigo a las instituciones y la manera de dirigir la
actividad pública.
Es
válido confundirse y asumir que esta es la nueva política, la forma
actual en la que se ejerce. No obstante, solo es mala oposición. Es lo
que consideramos politiquería, aquella que no cumple con la gestión de
la polis, trabajar por el bienestar del pueblo. Es la politiquería
turbia, insana, que pone piedras en el camino a los buenos proyectos de
gestión pública que pueda tener cualquier gobierno de turno. La del
discurso fácil cuyo único fin es destruir la democracia y las
instituciones, los equilibrios políticos, aumentar la incertidumbre.
Sobre todo, es la que resta de credibilidad a la política.
Desgraciadamente
es el camino tomado por quienes practican política, respaldados por la
decisión de sus electores, quienes han decidido empezar a cruzar a estos
escenarios para satisfacer sus intereses.
Los
que es una realidad, es que los partidos no fueron creados para
oponerse, sino para apoyar los proyectos que benefician a los
conciudadanos. Los partidos son para acordar, dialogar, dejar de lado
cada uno de sus dogmatismos pragmáticos para buscar los acuerdos
nacionales necesarios. El rol de los partidos es pensar en el país.
Eso
es lo que hemos carecidos este último tiempo. Entender que el respeto a
las diferencias y los acuerdos de bien común, es la manera de progresar
y cuidar las instituciones. De otro modo, la crisis puede crecer más y
decantar en situaciones más graves. Ya tenemos el recuerdo de la
dictadura, como para regresar a la misma.