El
populismo es la nueva forma ya institucionalizada de hacer política.
Apelan a las emociones e ímpetus del electorado. Reclaman el voto en su
totalidad de los principales grupos sociales de una población,
abanderándose como los únicos representantes. Ocupan Twitter y todo tipo
de herramientas de convencimientos para persuadir al público, haciendo
uso de discursos y las maneras más polémicas para conseguirlo.
Efectivamente,
este es el tipo de política que usan los nuevos políticos, unos que sin
dudas no deseamos que existan. Se desprenden del racionalismo y
proponen medidas que a pesar de impresionar a sus electores, son de
dudoso cumplimiento. Usan ideales que se refugian en el más profundo
sentimentalismo, como los versos de canta autores, utilizados al momento
de presentarse a una elección con el fin de adornar sus propuestas,
hacerlas llamativas, populares. No obstante muchos desconocen que la
realidad siempre es menos idílica de lo que deseamos, complejizando
mucho el escenario político.
Lo
estamos comprendiendo en partidos como el Republicano, creado el 2019 y
definido como un partido de extrema derecha; con los demócratas,
partidos en formación que pone en el centro a chilenas y chilenos y que
se define en la moderación, el sentido común, y sobre todo los cambios
graduales y tranquilos para Chile; con el partido de la gente, algo
parecido a la derecha en su protección los intereses del consumo, pero
exigiendo mayores beneficios para la clase media; finalmente con el
frente amplio y otras agrupaciones políticas que siguen la misma línea,
arrinconadas hacia la izquierda.
Esto
pasa cuando cuatro o más personas se fastidian con un partido, con
causas o sin razón de ello. Luego cuando tienen la oportunidad, crean
partidos políticos sin ideologías, sin militantes, y muchas veces con el
puro monograma de intenciones, prometiendo a los jóvenes,
adultos y a los más mayores un nuevo Chile. En sus propuestas brillan
la mejor distribución de la riqueza, mejor educación, salud y trabajo,
la defensa de los derechos humanos, de la dignidad e igualdad, prometen
estabilidad, etc. Medidas propias de los progresismos modernos, pero
sobre todo dicen lo que la gente quiere escuchar. No se hacen
responsables de sus aseveraciones, hacen el populismo permanentemente.
En
el fondo, es el nuevo tipo de políticos que les gusta a los ciudadanos.
Ya no les atraen los grandes proyectos, las pocas o grandes ideas de
antaño, porqué obviamente la política y los partidos los han
decepcionado. No cumplieron con sus expectativas. El populismo es un
camino fácil y ofrece directamente lo que desean oír.
El
problema de los populismos es que van menospreciando la política del
día a día. Por lo menos usted con los partidos tradicionales, los
reconocidos, tiene a quienes inculpar y proscribir la culpa. Conoce a
los responsables, Estos tienen toda una historia y trayectoria, sea
buena, mala o regular, pero es una historia que tienen mecanismos de
control en su interior para regularse, para responsabilizarse.
Por
el contrario, los nuevos son aventuras que usted no sabe cuánto van a
durar, compuestos por militantes que se separaron de sus partidos por
desavenencias, por disputas. Estos personajes no representan esa
ideología, no llegaron acuerdos, buscan alguna candidatura individual,
tienen otros intereses o simplemente se cansaron y vieron la oportunidad
de crear su pyme política. Es una realidad que con la política se gana
dinero, más creando partidos que se acomoden a ese trabajo.
Por
lo tanto, los populismos políticos y electorales hay que darles un fin o
regularlos. En esta nueva discusión constitucional se debe definir muy
bien el sistema proporcional, para que estas fuerzas minoritarias
populistas no tengan un apoyo, o que las tengan con un límite
determinado de porcentajes de representación. Esta medida podría ser una
fórmula para empezar a combatir estos movimientos, para obligar a tener
partidos más competitivos, que mejoren sus comportamientos y mejore el
clima legislativo. Y sin duda, también es necesario ser conscientes al
momento de votar, porque el populismo se está institucionalizando de esa
manera y desde todas las tendencias políticas sensatas.