La primavera llegó y el pingüino de Magallanes lo sabe

La primavera austral recién comienza y con ella el inicio de un nuevo ciclo de la vida. Las aguas frías del Estrecho
de Magallanes comienzan a notar cambios, particularmente en la
temperatura y productividad y por ende el movimiento de sus consumidores
primarios. Esto resulta en el interés de muchas especies. Pingüinos,
Ballenas jorobadas, por mencionar algunas, se desplazan desde latitudes
más cálidas hasta las aguas del
Estrecho
de Magallanes. No obstante, el incremento en la productividad primaria
es paulatino, alcanza su máximo hacia el final de la primavera e inicios
del verano. Por lo que el desplazamiento de las especies es continuo,
como una procesión, durante ese periodo. Sin embargo, el Pingüino de
Magallanes
es de los primeros en llegar. En esta oportunidad, describiremos las
actividades que cada año realiza esta especie durante la estación
mencionada.
El Pingüino de Magallanes comienza su retorno hacia el Estrecho
de Magallanes desde agosto. A partir de ese mes se desplaza nadando y
explorando la ruta para llegar al sitio donde se reproducirá. Existen
registros de desplazamientos desde las costas al sur de Brasil hasta el
estrecho de Magallanes, sin duda una odisea marítima. Los pingüinos
comienzan a llegar en septiembre, momento en el que reconocen a sus
parejas, o en su caso de los solteros inician una relación. El cambio de
parejas no es común, los pingüinos son fieles, pero hay excepciones. El
cambio de pareja ocurre con frecuencia luego de un fracaso
reproductivo; es decir, cuando la pareja pierde a sus polluelos. También
ocurre cuando un miembro de la pareja no llega a la colonia. En estos
casos los pingüinos dan lecciones de pragmatismo y sentido común, pues
para ellos (como todo animal) reproducirse es una prioridad y si algo no
funciona, se requieren cambios radicales para obtener el resultado
deseado. En otras palabras, si la pareja no ha tenido éxito en la
crianza de polluelos, se se
para y los adultos solteros entablan nuevas relaciones y vuelven a intentar la crianza. Durante
el largo viaje marítimo, los pingüinos llegan al lugar de reproducción
bien alimentados, pues ello determinará en gran medida el éxito de la
puesta de huevo (oviposición) y la crianza. Luego de llegar a las
diferentes islas del estrecho de Magallanes y localizar a su pareja, los
pingüinos deben elegir el sitio donde anidarán y comenzar a preparar su
nido. La elección del lugar de anidación es importante, pues deben
hacer frente a las inclemencias meteorológicas en las diferentes islas
del estrecho de Magallanes. El refugio adecuado hará la diferencia entre
la vida y la muerte de los polluelos. El nido ideal tiene suficiente
espacio para los adultos y eventuales polluelos, así como vegetación
circundante, ideal para ocultar a los huevos y polluelos de los
depredadores. Un poco de pasto al interior del nido ayuda a mantener la
temperatura adecuada durante la incubación de los huevos; también es
importante la distancia del nido de la costa, para evitar alguna
sorpresa con los cambios de mareas. Una vez que el aposento familiar
está listo, la pareja pingüino hace su tarea y espera la llegada de los
huevos. Por lo general ponen dos, aunque en casos excepcionales podría
ponerse uno más si es que alguno de los primeros se pierde. Para que la
hembra logre una oviposición exitosa, requiere tener suficiente cantidad
de reservas alimenticias ricas en carbonato de calcio, para generar la
cascara protectora del huevo que implica un esfuerzo metabólico
tremendo. En caso contrario, cuando la hembra llega con pocas reservas
alimenticias, además de la dificultad para la formación de la cáscara
del huevo ella quedará aún más débil para la siguiente puesta y proclive
a desertar sus labores de maternidad. Esto se compagina con las
características de la incubación, pues, aunque ambos padres se alternan
la responsabilidad, la incubación ocurre en completo ayuno para el
adulto. Si la hembra no tiene suficientes reservas, no podrá soportar la
inanición que exige cuidar los huevos. Preferible procurar su bienestar
propio e intentarlo nuevamente en otro ciclo, a perecer junto al huevo
por la debilidad e inanición. Por lo general, los huevos llegan desde
mediados de octubre y eclosionan a finales de noviembre.
La primavera llego al Estrecho de Magallanes y los Pingüinos lo saben. En esta temporada, los investigadores del Centro regional Cequa
estamos visitando diferentes colonias de Pingüino en el estrecho, con
el fin de hacer un seguimiento de su estado poblacional y continuar con
el estudio de su microbioma plumoso.

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