La
renuncia de Arturo Díaz, a la Secretaría Regional Ministerial de
Gobierno, en realidad no tiene ninguna trascendencia, porque
comunicaciones y vocería ya no existían, tal vez porque no había nada o
muy poco que comunicar. Al igual que el cargo de Delegado o Delegada
Presidencial, son cargos que ya no están en correspondencia con la nueva
organización política y administrativa que el país requiere, no tiene
ninguna visibilidad y relevancia una delegación presidencial, cuyas
atribuciones se perciben confusas e irrelevantes al lado de un
gobernador regional, electo por sufragio universal, que concentra los
recursos y colaboradores experimentados. O sea, no tiene la necesidad
de disputarle el espacio a nadie, simplemente no existe espacio para una
delegada presidencial. Es por ello, que lo razonable es que el
Presidente cumpla con su objetivo de campaña de terminar con los
delegados presidenciales, con todo el desafío que ello importa, para una
organización política – administrativa, que no sabe caminar si no es
desde el centralismo.
La
renuncia de Arturo Díaz era la crónica de una muerte anunciada, a nadie
sorprendió, y la verdad a nadie interesó si los motivos eran personales
o institucionales, si la renuncia era voluntaria o no voluntaria,
porque ni siquiera su experiencia en urgencias y en el ámbito local lo
pudo salvar, la irrelevancia de esa Secretaría, lo condenó, no existió
la capacidad de generar hechos políticos, destacar la imagen
presidencial en una región donde juega de local, es por ello que sin
lugar a dudas un factor determinante fue la escasa votación del Apruebo
en la Región de Magallanes.
A
pesar de todo, es injusto utilizar ese episodio construyendo un chivo
expiatorio, quemando un fusible, cuando el cortocircuito es
generalizado y los propios partidos de Gobierno no tienen presencia
alguna, relevante, no generan hechos que destacar porque hace rato que
no hacen política.
Un
Frente Amplio que se construyó, sobre la base de la crítica a los
últimos 30 años ahora tiene que asumir que a futuro otros referentes,
con seguridad, se descolgarán y se sumarán a la crítica otros cuatro
años de experiencias, en la medida de lo posible, ligeramente
transformadoras e igualmente neoliberales. O sea, ahora se requiere más
que nunca de los criticados operadores políticos, que sean capaces de
articular, generar propuestas y persuadir, en el reducido espacio que le
dejan ambas cámaras en el Congreso, para reducir los conflictos que
subsisten.
En
definitiva, este es un Gobierno sin convicciones, porque las que traía
consigo las perdió el 4 de septiembre, no tiene un programa, una
coalición que lo respalde, sino varias, en estas condiciones no le cabe
sino arbitrar el día a día, aguantar el chaparrón, y para eso no
necesitaba un seremi de Gobierno que comunique y destaque las obras de
éste, sino de alguien que le sostenga el paraguas, que contenga y pare
el ataque constante, el descrédito y supere la etapa de las
explicaciones y disculpas.