La resaca

La
resaca o el movimiento de las olas del mar al retirarse de la orilla,
en especial cuando tiene mucha fuerza, dura apenas un día, los recuerdos
pueden durar mucho tiempo, quizá demasiado. Es peligroso
bañarse
y jugar con la resaca, o no aprender de la experiencia de una
transitoria y extraordinaria embriaguez, porque la corriente te puede
lanzar muy lejos, sin resultados y sin ningún destino. Esto le ha
sucedido al Gobierno, que aún no terminaba de reponerse de un resultado
desastroso en septiembre y se embarcó precipitadamente a un nuevo
proceso electoral sin medir las
consecuencias.

Las
desigualdades y el malestar generan procesos o estallidos sociales
efímeros. Estos eventos suelen caracterizarse por un entusiasmo inicial
desbordante, con episodios inclusive violentos, que hacen presagiar
cambios radicales. Sin embargo, sus efectos se desvanecen rápidamente,
dejando una sensación de decepción, apatía y frustración en aquellos que
esperaban un cambio significativo, como desagradables consecuencias de
días de excesos que nos dejan rápidamente dejándonos el malestar., lo
que se procura superar con respuestas igualmente radicales, y remedios
alternativos que rara vez producen resultados o permiten la sanación.

La
resaca fue aun más dura después de la intensa farra de la Convencion
Constituyente, después de la celebración inicial en que se consumió en
exceso una mezcla de ideologías fuera de contexto. Esta intoxicación
hizo que muchos se dejaran llevar por la emoción del momento, por la
tendencia de querer refundar Chile, con absoluto desprecio por los
avances dificultosamente construidos durante treinta años de vida
democrática. Sin embargo
,
sin esperar superar sus consecuencias el Gobierno cometió el
inexcusable error de sumergirse en otro proceso constitucional, para
terminar aferrándose a una opción cero, en que no habrá cambios ni
ninguno de los avances sustantivos que se propuso.

Es
efectivo que, los procesos o estallidos sociales efímeros suelen
comenzar e infundir un entusiasmo contagioso. Las personas se involucran
activamente, se manifiestan

en las calles, comparten mensajes en las redes sociales y demandan
cambios significativos en la sociedad, se generan expectativas
arraigadas en el malestar y las desigualdades. Sin embargo, una vez que
la euforia inicial se desvanece, no se logran los resultados esperados y
el entusiasmo se transforma en desilusión. Esto ha ocurrido y se
evidencia en el incuestionable triunfo republicano, que es
principalmente un castigo a un Gobierno que no supo medir las
consecuencias del estallido social, que equivocó el diagnóstico de un
proceso social de efectos transitorios, a través del cual se buscó el
cambio inmediato sin un análisis profundo de su reales implicancias y
sin establecer estrategias sostenibles. Luego, reincide en el error de
exponerse al resultado adverso de un nuevo proceso que se transformó en
un plebiscito en su contra por la falta de reflexión y planificación a
largo plazo.

La
resaca que le genera al Gobierno, el triunfo republicano, nos invita a
reflexionar sobre la importancia de la planificación, la reflexión y el
compromiso a largo plazo, la necesidad de estrategias sostenibles que
orienten los movimientos sociales, caso contrario, se genera desilusión
y apatía, en que cualquier resultado es posible. A pesar de lo cual no
se percibe el aprendizaje, la necesidad de trabajar en forma coherente y
planificada, sino que de alguna forma, en muchos persiste la falsa
percepción que todo puede continuar igual, cuando en realidad al
programa de Gobierno del Presidente Boric, no le queda nada, excepto la
resignación y el recuerdo de días mejores o al menos de un tiempo en que
podía infundir esperanzas, las cuales fueron reemplazadas y superadas
por la realidad y el miedo a perder los logros alcanzados en los últimos
treinta años. O sea, Chile despertó, pero no con el mismo sueño.

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