Como
un respiro fresco de aire, una bocanada espiritual necesaria llega este
fin de semana, donde como hace ya varios años, tenemos la posibilidad
descubrir y redescubrir nuestro historia, nuestro entorno a partir de
una nueva celebración del Día de los Patrimonios, una fecha propicia
para disfrutar y compartir en familia, aprendiendo más sobre nuestros
patrimonios culturales.
Para
este año, el Ministerio de las Culturas ha propuesto la temática
“Recuerdos para el futuro”, reflexión que nos invita a participar de
manera activa en esta construcción de la historia y las vivencias
pensando en las actuales generaciones y las que vendrán, entendiendo
nuestro patrimonio precisamente como manifestaciones distintas, diversas
y colectivas, compartidas que contribuyen a la conformación de las
identidades y que claramente nos conectan.
Solo
hace falta mirar nuestro entorno, andar algunos pasos para disfrutar y
agradecer el privilegio de habitar una región como la de Magallanes,
donde casi todo a nuestro alrededor tiene una historia que contar.
Nuestras calles, edificios, museos e instituciones albergan un legado
que vale la pena conocer y donde aventurarnos hacia el pasado de la
Patagonia.
De
acuerdo con el Servicio Nacional del Patrimonio, entendemos este último
como “un conjunto determinado de bienes tangibles, intangibles y
naturales que forman parte de prácticas sociales a los que se les
atribuyen valores a ser transmitidos y luego resignificados…”, una
definición clara que nos ayuda a ver nuestro entorno de otra manera y
que hoy nos permite atribuirle ese valor que podemos también proyectar
hacia adelante.
Recuerdo por ejemplo cuando en 2019, fue posible presenciar la restitución de bienes
patrimoniales a la comunidad yagán, piezas que estaban en la colección
Guinde del Museo Nacional de Historia Natural y que pasaron a formar
parte del resguardo del Museo Antropológico Martín Gusinde de Puerto
Williams. Algunos meses después, una nueva restitución de objetos
patrimoniales regresaron legítimamente a su origen.
Con
un valor incalculable, en lo emotivo y simbólico, el patrimonio cobra
un significado trascendental para las culturas y las comunidades.
Y
si el valor patrimonial nos convoca en esta oportunidad, no podemos
dejar de mencionar que el pasado 24 de mayo, recordamos el natalicio de
Cristina Calderón, referente y representante del pueblo yagán y que dejó
un enorme legado cultural y espiritual.
A
propósito de esta fecha, y del espacio para poder dialogar y compartir
impresiones a fines, conviene aprovechar el momento para averiguar y
reflexionar acerca de cómo preservamos nuestro patrimonio, preguntarnos
qué hacemos para mantener su vigencia o conservación; de qué manera
fortalecemos o propiciamos su divulgación y conocimiento y por qué no,
cómo podemos convertir esta reflexión en una discusión ciudadana.
Como
suele decirse, no se valora lo que no se conoce, argumento simple y
espontáneo para no dejar de aprender, de estudiar y conocer más sobre la
historia y la cultura que nos acompañan. Que al terminar este fin de
semana, podamos asimilar nuestro entorno de una manera diferente.
Siempre
resulta reconfortante tener la intención y sensibilidad al enfrentar el
otrora, el pasado, nuestras raíces y desde allí extraer la savia de
nuestros antepasados que se traduce en el conocimiento y la experiencia
con la que podemos seguir generando un desarrollo sustentable de nuestro
entorno y seguir proyectándolo hacia el futuro.
Finalmente,
no puedo terminar esta intervención sin felicitar a todas las
instituciones y organizaciones que participaron en esta nueva
celebración, reconociendo la preocupación y el esfuerzo de los equipos
detrás de cada una de las actividades disponibles para la comunidad.