La sordera de Santiago a la realidad del fin del mundo

Escribo
esta columna en medio de la oscuridad de la noche de un segundo día de
movilizaciones en Punta Arenas, en contra de la escalada incontrolable
de los precios de los combustibles y que ha afectado, con especial
fuerza, a los habitantes de la zona más austral de nuestro país, los
habitantes de Magallanes.

Durante
los últimos días, imágenes dramáticas han impactado a todo el país, con
gran número de pasajeros caminando hasta por cuatro horas, con su
maleta a la rastra, para alcanzar un vuelo que probablemente no los
esperaría. Pero también gasolineras casi vacías en Punta Arenas,
camiones frigoríficos con miles de peces detenidos y en peligro y
vehículos de servicios públicos, muchos de ellos esenciales como el aseo
o incluso el testeo de los pasajeros que llega al aeropuerto, detenidos
a la entrada de Punta Arenas.

Entre
ellos figuraba un grupo de profesionales enviados desde Santiago a
reforzar los equipos de salud regionales. Se encontraron a su llegada un
aeropuerto aislado, incomunicado con la ciudad debido al corte de la
Ruta 9, por lo que también ellos debieron emprender el camino de a pie
hasta la ahora, muy lejana ciudad de Punta Arenas. Tal fue su bienvenida
a nuestra región y que los obligó a experimentar en carne propia y con
especial dureza, lo que significa vivir en una de los territorios más
aislados del mundo, tan lejos del resto de Chile… Tan lejos de Santiago.

Y
sin embargo, la movilización que exigía una drástica disminución del
absurdo impuesto específico a los combustibles para Magallanes, lejos de
ocasionar una oleada de insultos y protestas entre los habitantes de
Punta Arenas, gozó de especial apoyo de la comunidad, algo refrendado en
las redes sociales de Pingüino Multimedia, así como en muchos otros
testimonios.

Mónica
Huenchur escribió: “Que lindo es Magallanes cuando todos se unen por
una causa, increíble como algunas personas alegan porque cortaron la
ruta, pero no hay que pescar, hay que dar la pelea, con todo a las
calles a no permitir que sigan abusando con nosotros”.

Manuel
Pérez dijo: “Todos debemos apoyar esta causa sin bajar los brazos esto
será un beneficio para todo si lo logramos, no puede ser que todas las
semanas tengamos que pagar cada vez más”.

Francisco
Muñoz agregó: “El cobro de las bencinas ya es descarado, no puede ser
que estemos pagando más de una luca por el litro de la bencina y es
increíble como las autoridades no dicen nada. Boric ya no hace nada sólo
preocupado de su candidatura y dejó botada la región”.

Lucía
Rodríguez comentó: “Que bueno que hoy existan personas que se atrevan a
protestar en contra este gobierno abusador y de todos los gobiernos que
con el combustibles que sacan de nuestra región termina perjudicando a
cada uno de nosotros… Hay que dar la pelea igual que con el gas hasta
que bajen los combustibles”.

¿Pero,
cómo un movimiento que causó tantos problemas a la comunidad, termina
siendo tan exitoso en generar el respaldo de la ciudadanía?

La
respuesta es simple: la inmensa mayoría de los ciudadanos de la región
más extrema del mundo, lisa y llanamente, están hartos de la sordera de
Santiago ante exigencias que son absolutamente razonables y de sentido
común que golpean con especial fuerza la calidad de vida de sus
habitantes.

Como
planteó en su momento, el economista y candidato al CORE, Alejandro
Riquelme, cuando se refirió a los regímenes de excepción vigentes para
Magallanes. “Debiera haber una zona económica exclusiva como existe en
Isla de Pascua, porque está delimitada por un área geográfica.
Magallanes debiera ser una zona exenta de impuestos y de hecho, las
únicas zonas extremas reales en Chile son Magallanes, Aysén e Isla de
Pascua, porque Arica, Iquique y Parinacota son la puerta de entrada a
Perú y Bolivia”.

Y
luego agregó: “Debiera ser una zona económica exclusiva que no dependa
de una comisión o del intendente de turno, como existe hoy en Isla de
Pascua, con exenciones que apunten a un criterio geopolítico, porque
nunca el costo beneficio va a dar un resultado positivo en esta región.
En Isla de Pascua hay exención de todo tipo de impuestos. Y ello se
hizo, por razones geopolíticas, no por razones de costo beneficio,
porque si fuera por razones de costo beneficio no se habría hecho ni
siquiera el camino a Puerto Natales”.

Y
en esta línea de impuestos a disminuir o eliminar, el impuesto a los
combustibles figura en primera lugar. Pero hasta ahora, sólo el
candidato José Antonio Kast se ha mostrado atento a dar este paso.

Ante
este escenario, el gobierno, este gobierno, el que enfrenta una de las
elecciones más importantes de la historia de Chile con insignificantes
niveles de credibilidad y confianza… pues bien, este gobierno acabó de
algún modo, por reconocerlo.

Al
cabo de 48 horas, hizo un anuncio inédito de congelar las alzas de los
combustibles hasta el 25 de noviembre, lo que permitió llegar a un
acuerdo con los dirigentes movilizados, tras una extensa reunión con la
delegada presidencial, Jenniffer Rojas, y el ministro de Energía, Juan
Carlos Jobet.

Se
mantendrán los actuales valores por tres semanas y se conformará una
mesa de trabajo para buscar mecanismos de subvención al valor del
traslado del combustible hasta Magallanes, para de esa forma equiparar
los precios con el resto del país.

Es
así que una vez más, una región unida y con grandes sacrificios logró
una sorprendente victoria para mejorar aunque sea, en una pequeña parte,
la calidad de vida de sus habitantes.

Así
lo reconoció este viernes el automovilista Mauricio Peña y Lillo, uno
de los voceros del movimiento, quien declaró: “Esto no pertenece a
ningún color político, sólo pertenece al pueblo que nos manifestamos y
que luchamos por esto y creo que esto ha sido temas de conversación
durante muchos años por varios gobiernos y no se había logrado algo como
hoy lo hemos hecho”.

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