Una economía regional
fatigada y poco diversificada, industrias con fluctuaciones muy grandes
en sus ingresos por temporadas, alta dependencia a la inversión pública,
leyes de excepción aduanera y tributarias que ayudan poco al desarrollo
social y económico, una mirada miope de nuestras autoridades respecto
de factores geopolíticos y del potencial de desarrollo de la región en
base a sus ventajas competitivas, una estrategia de desarrollo regional
tibia y poco ambiciosa, un espiral de inflación
que siempre afecta más que proporcionalmente a las regiones más
extremas y expectativas muy altas respecto de una nueva industria que,
sin tener muy claro los beneficios que generará, sabemos que provocará
un mayor costo de vida para todos (as) los (as) Magallánicos (as) y un
país vecino con una situación política muy inestable son elementos que,
para quienes nos desarrollamos profesionalmente en el área de las
ciencias sociales y económicas y que conocemos nuestra región desde que
nacimos, las transforman en la suma de todos los miedos.
Y
a esos miedos de la economía le sumo situaciones más cotidianas como el
deplorable estado del pavimento en algunas calles de la ciudad, algunas
de ellas en pleno casco histórico de Punta Arenas, el pésimo estado de
los caminos que son las prolongaciones a los sectores periurbanos, la
cantidad de caballos que deambulan por la ciudad en absoluto descontrol,
el incremento exponencial de automóviles en la ciudad sin una
planificación de transito, el abandono de infraestructura pública como
el ex hospital en Angamos y Zenteno, el edifico del ex Servicio de Salud
ubicado en José Menéndez con Chiloé, la casa de los derechos humanos
ubicada en la avenida
Colón, un vertedero comunal que hace años está con su vida útil
terminada, misma situación que ocurre en toda la región de Magallanes,
incluso en la reserva de la biósfera del Cabo de Hornos, y peor aún, con
nuestras autoridades planeando construir rellenos sanitarios, cuando en
el mundo esos mecanismos están en retirada. En porvenir un olor
horrible en su bahía cuando baja la marea y al borde de una crisis
económica por el potencial cierre de la principal empresa de esa ciudad.
En Puerto Williams mas calles de tierra que pavimentadas y sin un
sistema de alcantarillado y tratamiento acorde a su reconocimiento por
la UNESCO. Dos empresas del rubro energía al borde del cierre de sus
operaciones, por no llegar a acuerdos con ENAP, y un acuerdo para
importar crudo desde Argentina (cuando sabemos que cuando quieran
cierran la “canilla” y hasta ahí nomás llegamos), y en términos
geopolíticos un temor del gobierno regional a reclamar con fuerza y
decisión a Argentina por la modificación del cauce del río Vizcachas en
el sector de la provincia de Santa Cruz, lo que infringe el Tratado
sobre Medio Ambiente y protocolo sobre recursos hídricos del año 1991.
En resumen, se está gestando un
espiral de cierre de empresas, aumento del costo de vida por la propia
inflación y por especulación ante la llegada de la industria del
hidrógeno verde y una serie de señales que desincentivan la inversión privada y deben poner en alerta a la región.