La
fundación de la Universidad de la Frontera o de las Escuelas
Universitarias de la Frontera el martes 8 de septiembre de 1959 (hoy,
Universidad Católica de Temuco) por decisión y firma de monseñor
Alejandro Menchaca Lira, a la sazón obispo de la diócesis de Temuco,
tuvo el respaldo mayoritario inmediato de toda la ciudadanía temuquense,
y no solo de la ciudad de Temuco, sino de muchas familias de diversas
ciudades de la entonces provincia de Cautín.
Ya
en las páginas de la edición del mismo miércoles 9 de septiembre de
1959, que daban amplísima cobertura al acto fundacional de la
universidad, en las mismas se publicaban las primeras nóminas de
propiciadores de la fundación de la Universidad de la Frontera. En la
página 7 se titulaba “Primeros propiciadores para Universidad de la
Frontera”, y en esa nota se daba cuenta de los primeros ciento cincuenta
auspiciadores de la idea de crear una institución universitaria en
Temuco.
Tal
apoyo ciudadano creció y creció, y El Diario Austral de Temuco no
claudicó en la publicación sucesiva de nuevos propiciadores, y así en la
edición del domingo 1 de noviembre de 1959, página 12, titulaba “Casi a
dos mil la nómina de propiciadores de la U. de la Frontera”. ¿Imaginan
tal revuelo hace sesenta y tres años? Hoy, en el 2022, ese sería un
guarismo de apoyo impensado. Y las nuevas noticias siguieron; a este
recuento se sumaron otras dos publicaciones del diario, sumando once
ediciones con cuantiosas nóminas de adherentes. Y sé que fueron más.
Mientras,
en Temuco, en Santiago y otras ciudades provinciales el acto
fundacional propiciado por el obispo Menchaca Lira y el apoyo de la
ciudadanía daba origen a muchas reuniones, minutas, comisiones de
estudio, entrevistas, visitas, conferencias. Solo a fines de año, y si
no, en enero de 1960, todo se destraba y se da paso a concreciones, a
evidencias.
La
publicación de estas nóminas, cuyo registro agradecemos al diario
temuquense, es también expresión de gracias a todos quienes suscribieron
su adhesión a la fundación de la Universidad de la Frontera en esos
días de septiembre, octubre y noviembre de 1959. Algunos, los más, ya
gozan de la gracia divina de la compañía de Dios Padre y unos pocos,
también por la gracia de Dios hoy, hoy perviven y nos acompañan. A
ellos, a todos, muchas gracias por tal gesto de apoyo a la concreción de
una obra de hombres y de mujeres que ha tenido un gesto multiplicador,
de la que quien suscribe este texto es uno de sus favorecidos.
Antes
del cierre de esta columna me permitiré mencionar unos nombres de
quienes aún nos acompañan en este espacio terrenal, so pena de incurrir
en un error: Eduardo Gras Díaz, Pedro Pastor Araya, Rodolfo Neumann
Thiers, Juan Gajardo Coulon, Alfonso Zúñiga Fontecilla, Hugo Fernández
Diez, Anfión Podlech Michaud, Mario García Sabugal, Carmen Gutiérrez
Medina, Verónica Marín Amenábar de Chubretovich, Archibaldo Bolomey
Muñoz, Gerardo Ramdohr Chaytor, Myriam Airola Montiglio, Aldo Capurro
Mora, Harold Noack Scherer,… ¡Dios quiera lean esta columna!
¡Gracias,
muchas gracias, queridos propiciadores de ayer, en nombre de miles y
miles de jóvenes que han cursado estudios superiores en la casa
universitaria fundacional, allí en Vicuña Mackenna 466, en Avenida
Alemania 0422, en Avenida Alemania 0211, en Prieto Norte 371, en Montt
56 (Campus San Francisco), en el campus norte, hoy campus San Juan Pablo
Segundo! No saben cuánta felicidad, cuánta ayuda ha significado la
suscripción de apoyo de ustedes a la creación de nuestra universidad,
hoy Universidad Católica de Temuco.