Hace un par de días,
muchos puntarenenses se alegraron al ver de vuelta el espejo de agua que
por décadas fue el paisaje natural que presentaba durante los 365 días
del año la Laguna Pudeto, que principalmente, en la época de primavera
verano, era el hogar de cientos de aves que se posaban en las aguas y
alrededor de este emblemático lugar.
Hay
un dicho que expresa que “una golondrina no hace verano”, es lo que
ocurrió entre los días 28 y 29 de abril, en donde durante 24 horas
precipitaron 32 milímetros, lo que significó que el lecho de la laguna
fuera cubierto de agua. Pero tal como se suponía, esta agua se fue
decantando lentamente y nuevamente su lecho comenzó a quedar al
descubierto.
Esta
triste realidad llevó a la comunidad a preguntarse qué estaba pasando
en este emblemático lugar de Punta Arenas, por qué y a pesar de las
intensas precipitaciones de los primeros cuatros meses del año, la
laguna ya no es la misma de antes, echando por tierra los argumentos
expresados por algunas autoridades regionales y por un organismo de
Estado, que han responsabilizado principalmente al cambio climático y
sus efectos.
Por
ningún motivo podemos desconocer lo que estamos viviendo a raíz del
cambio climático, pero en este caso, debemos señalar que el secado de su
lecho comenzó a notarse luego del inicio de las obras de extensión de
la calle Rancagua que se ejecutan detrás de este sitio. Allí y tal como
quedó en evidencia, fueron removidos tierra de turbales, que son “un
tipo de humedal donde se produce y acumula progresivamente materia
orgánica muerta que proviene de plantas adaptadas a vivir en sitios
inundados de agua, con un bajo contenido de oxígeno y escasa
disponibilidad de nutrientes”.
Algunos
expertos indican que de estos turbales nacían los afluentes que en
forma subterránea alimentaban por acuíferos la laguna, afluentes que,
probablemente fueron obstaculizados o bien desviados, lo que trajo
consigo, que el agua acumulada en la superficie no permanezca en el
tiempo tal como lo que se empezó a observar a contar de fines del año
pasado, quedando su lecho completamente seco en febrero.
La
comunidad merece saber qué pasó realmente en este lugar y, para ello,
es necesario que aquellas entidades públicas entreguen un informe basado
en estudios, en donde se haya incorporado herramientas tecnológicas,
que permita establecer cuáles han sido las verdaderas causas que
derivaron en lo que algunos denominan la pérdida de un patrimonio
natural urbano de toda la comunidad de puntarenense.
Este
sitio es de propiedad de cada uno de los habitantes, es, o
lamentablemente, era un lugar con una biodiversidad que, estuvo, o ha
estado presente por cientos de años, mucho más allá de la llegada del
hombre a estas tierras. Este espacio ha sido testigo y ha podido
soportar las grandes trasformaciones que ha tenido su entorno, la
instalación de un regimiento, el nacimiento de poblaciones e industria,
pero hoy pareciera que su presencia puede desaparecer, lo que sería un
duro golpe a la historia de Punta Arenas.