Las 40 horas de Chávez

El
30 de abril del 2012 el Comandante Hugo Chávez anunciaba para Venezuela
las 40 horas como jornada de trabajo. En nombre de los trabajadores y
fustigando a los empleadores, impuso dicha ley en ese país. El dictador
citó a Carl Marx para justificar tal norma. Doce años después y en
realidad, pocos años después de la entrada en vigencia de dicha jornada
laboral, Venezuela se sumía en un desastre económico. Muchísima gente
comenzó a emigrar del país caribeño por falta de trabajo y cuando había,
los sueldos eran y aún lo son, miserables. Recordemos que el suelo
mínimo en Venezuela es actualmente de 3,61 dólares (¡alrededor de
$3.500.- chilenos!). Dicho país es admirado como un ejemplo por Gabriel
Boric, por Cariola y por todo el Partido Comunista. Más aún, Boric llamó
públicamente a seguir el ejemplo y la política de Hugo Chávez.
Entonces, las 40 horas en Venezuela llevaron a que la gente trabajara
menos, pero se empobreciera cada día más. Gentes “felices”, pero pobres,
que es el ideal de la izquierda. Mientras, sus jerarcas ganan millones y
millones dirigiendo cómodamente la vida de los demás.

Para
un sector político mundial y por cierto, nacional, el objetivo es la
destrucción del capitalismo. Esta es la aspiración manifestada
públicamente por el Presidente Boric. Entonces entre más trabas se le
ponga a las empresas, al “neoliberalismo”, el objetivo se va cumpliendo
paso a paso. Encarecer la contratación de trabajadores por la vía de
aumentos del sueldo mínimo sin respaldo técnico, es una vía para
aquello. Si bien se analiza, la reducción de la jornada laboral es
también un aumento de sueldo, porque se pagará lo mismo a los
trabajadores, pero con menos horas laboradas. Mientras, el país ha
retrocedido en 10 años en sus niveles de pobreza. Justo cuando se
necesita producir más y trabajar más, el gobierno festeja que las gentes
trabajen menos y ganen más, todo a costa por supuesto, de aquellos
“miserables” empresarios. Cuando en unos pocos años más se mire hacia
atrás, el hito de las 40 horas será mirado como esencial para explicar
la pobreza del sufrido pueblo chileno. Tal como sucede con la reforma
tributaria promulgada por una figura admirada por la izquierda, como es
Bachelet. Existe amplio consenso en que dicha reforma ha causado mucho
daño en la economía nacional. Como se puede apreciar, la destrucción de
las empresas del sector privado, que son el músculo económico del
capitalismo, es un objetivo siempre vigente para la izquierda chilena.

Pero
claro, mucha gente estará feliz con la sola idea de que trabajando
menos se puede ganar más dinero. Entonces las 40 horas semanales son un
bálsamo para esta idea fantasiosa. Fantasía que por lo demás es
promocionada por la izquierda, cuyos jerarcas ganan millones de pesos
mensuales gracias a quienes sueñan con trabajar menos y ganar más
dinero, que es el pueblo y la clase media. Ya en el siglo 19 el escritor
norteamericano advertía que “Es más fácil engañar a la gente que
convencerlas que han sido engañadas”. Engañar a las gentes con que las
40 horas les llevará a la felicidad en sus vidas, es una bajeza. Los
venezolanos todos los días mastican su pobreza con las 40 horas
semanales de trabajo. Insistimos, si la experiencia venezolana fuera
sólo mirada como algo exótico y una medida fracasada, que lo es, no
habría problema. La tragedia es que el Presidente de Chile y los
partidos políticos que sustentas su gobierno, son acérrimos partidarios
de las políticas implementadas por Chávez y Maduro en Venezuela y
traspasan estas ideas a políticas públicas concretas en Chile.

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